INICIATIVA DE COHERENCIA GLOBAL

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Científicos Muestran Como Los Pensamientos Provocan Cambios En Los Genes

Publicado 1 febrero, 2018 por Ana Maria Peña

Un grupo de científicos han “demostrado” como los pensamientos provocan cambios en los genes. Algunos estudios y exámenes exhaustivos han comprobado que existe una relación ínfima entre la genética y el cerebro humano.

¿Te interesa saber más sobre esta relación tan particular? ¿Crees que no es posible conseguir cambiar tus genes solo con los pensamientos? Pues, si eso último es así, no puedes dejar de leer esta información que te depara en las siguientes líneas. ¡Ten la certeza de que quedarás sorprendido!

Cómo los pensamientos provocan cambios en los genes

pensamientos provocan cambios genes

“Mente sana cuerpo sano”. Este dicho ha sido muy usado desde tiempos inmemoriales, pero en realidad no está alejado de la realidad. Los científicos de la universidad de Wisconsin, guiados por pruebas ya hechas anteriormente con pensamientos, descubrieron un hecho sorprendente.

¡Resulta que los pensamientos pueden cambiar tus genes en determinadas ocasiones! Para llevar esto a prueba, dichos científicos realizaron un experimento muy particular.

Para su experimento, usaron a dos grupos de personas diferentes. El primer grupo consistía en personas ordinarias. El segundo, más bien, consistía en personas capaces de meditar por largos periodos de tiempo.

A ambos grupos se les aplicó la llamada práctica de mindfulness y luego de un día entero consiguieron resultados prometedores. Las personas normales no dieron ningún cambio muy importante en sus genes. Por su parte, las personas amantes de la meditación sí que cambiaron drásticamente.

Los meditadores tuvieron una serie de cambios en su maquinaria genética. Desde la reducción de genes pro-inflamatorios hasta una regulación de la maquinaria molecular, los meditadores presentaban un cuerpo muy sano. Y más impresionante aun, es que esta reducción de genes malignos está muy relacionada con la recuperación rápida de cortisol.

Otro gran detalle a resaltar es que muchos de los genes de los meditadores permanecieron iguales. Esto nos dice que sus pensamientos solo afectaron unos genes y moléculas en específicoPor lo tanto, este experimento solo mejoró y no empeoró el funcionamiento del cuerpo humano.

Pensamiento y genes desde un punto de vista científico

El Dr. Bruce Lipton, un experto en esta área, asegura que podemos cambiar nuestra actividad genética a diario. Asegura que si la percepción de tu mente altera la química de tu cuerpo, literalmente cambian tus células. De hecho el mismo Lipton afirma que con tan solo cambiar tu percepción de algo tus genes cambian.

Se dice que este tratamiento es el secreto para curar enfermedades como el cáncer. Ya que la reducción de genes y células malignas puede encoger, considerablemente, el tumor. Pero la neurociencia ha reconocido que nuestro subconsciente controla gran parte de nuestro cuerpo. Así que para que funcione el tratamiento debes de estar convencido de que podrás salir del aprieto. Ya que si solo convences a tu parte consiente, tu cuerpo se inclinara al subconsciente.

Lipton nos indica que tenemos más control del que creemos. Mientras nos mantengamos firmes ante las adversidades de nuestro cuerpo, podremos salir de ellas.

Este gran avance nos muestra lo intensa que es la relación entre nuestra mente y cuerpo. Así que recuerda, “la fe mueve montañas”. Mientras tus ideas y pensamientos estén alineados con tu cuerpo, nunca deberás preocuparte de alguna enfermedad. Y esto no es un simple mensaje de auto ayuda, sino un hecho comprobado científicamente.

fuente: http://despiertavivimosenunamentira.com/pensamientos-provocan-cambios-genes/

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Christian Felber: “Con la economía del bien común tendríamos abundancia y no austeridad”

Publicado 17 enero, 2018 por Ana Maria Peña

El impulsor de la teoría del bien común propone crear una economía basada en valores éticos que supere el capitalismo que sólo piensa en la acumulación. Estos días ha estado en España promocionando la reedición de su ‘best-seller’, publicado por primera vez en 2010.

Christian Felber, impulsor de la economía del bien común. / José Luis Roca (Web de Christian Felber)

JORGE OTERO

Christian Felber (Austria 1972) ha alcanzado renombre y fama por ser el impulsor de una teoría que muchos consideran utópica pero que gana adeptos día a día: la teoría del bien común, el armazón ideológico de un nuevo modelo económico y social basado en valores como la confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad o la sostenibilidad ecológica. Frente al capitalismo depredador que genera desigualdad y sólo tiene como objetivo la acumulación, Felber propone impulsar una economía ética que no mida únicamente el beneficio empresarial, sino el de la comunidad, y que permita entre otras cosas, el reparto del trabajo, tomarse un año sabático cada diez trabajados o reducir la desigualdad. Este nuevo orden económico tendría que venir acompañado de una regeneración del sistema político para lograr “una democracia realmente soberana”.

Estos días Felber ha estado viajando por España, uno de los países donde más aceptación tienen sus ideas, para promocionar la reedición del libro fundacional de su teoría, La economía del bien común (Deusto), obra que apareció por primera vez en 2010 y se ha convertido en un best-seller en Alemania, Austria y España. La filosofía de Felber puede resumirse en esta frase:  “Basta un poco más de tiempo para nosotros, un medio ambiente un poco más limpio y relaciones sociales refortalecidas para tener una vida mucho mejor”.

¿Qué es la teoría del bien común?

Es una economía que todo el mundo puede entender porque está basada en los mismos valores que permiten florecer las relaciones humanas, desde la honestidad hasta la cooperación, los valores constitucionales, la dignidad, la solidaridad, la sostenibilidad o la propia idea de la democracia. La idea es recompensar a las empresas que respeten y fomenten estos valores y los muestren en sus balances del bien común frente a las empresas menos éticas. En definitiva, se trata de crear una economía basada en valores éticos.

Usted habla de generosidad, solidaridad, honestidad, confianza, etcétera, ¿pero cómo se puede cuantificar eso?

Es más difícil ir a la Luna que medir el incremento del bien común. En la economía actual confundimos el fin con el medio. Todas las Constituciones de los países democráticos
dicen que el dinero debería ser el medio para el buen funcionamiento de la economía y no su fin; el fin debe ser el bien común. Y nuestra propuesta es medir el alcance de ese fin: cuando medimos el éxito de la economía, de una empresa, de una inversión, tenemos que medir el alcance del fin y no la disposición de los medios. Por eso proponemos el producto del bien común en lugar del flujo monetario y un balance del bien común en vez de o al lado del balance financiero. Podemos medir en qué grado se cumplen estos criterios y otorgar puntos dentro de ese balance. Las empresas que más puntos tengan, más ventajas tendrán y serán más publicitadas, tendrán mejores condiciones de crédito, más contratos públicos o pagarán menos impuestos.

Pero en su teoría el dinero seguiría siendo dinero, ¿no?

El dinero tendría el mismo papel que le confieren ahora las Constituciones. Ya he dicho que el dinero es el medio, no el fin. Eso implica convertir el dinero en un bien público y que, por lo tanto, impongamos condiciones y límites. Por ejemplo, limitación de la desigualdad; por ejemplo, los bancos y las Bolsas tienen que estar dirigidos al bien común; por ejemplo, los créditos pueden concederse exclusivamente a inversiones reales y si no dañan al medio ambiente, las relaciones sociales o a la democracia.

Su modelo supone no sólo un cambio radical de las reglas que rigen el capitalismo, sino también de la propia concepción de la democracia. ¿Cómo es ese cambio de modelo? ¿Cree que el capitalismo es incompatible con la democracia?

Estamos viendo todos que el capitalismo está socavando y hasta devorando a la democracia. Muchos politólogos están de acuerdo en señalar que democracia hoy en día es sinónimo de oligarquía y plutocracia. Los Parlamentos y Gobiernos no sirven al pueblo en muchas cuestiones fundamentales: crean bancos demasiado grandes, permiten una desigualdad ilimitada y la libre circulación de capitales en paraísos fiscales. El pueblo soberano nunca permitiría esto, por eso nuestra propuesta de una democracia soberana, una democracia real en la que fuera el pueblo, la ciudadanía, la que realmente marcara las pautas y los Parlamentos obedecieran. Por eso la economía del bien común quiere superar claramente el capitalismo, que definimos, según ya dice la palabra, como el incremento del capital como el supremo objetivo de la actividad económica. Hasta el propio Aristóteles consideraba antinatural esto.

¿Esa democracia soberana sería tipo 15-M, más directa, o incluso asamblearia?

No necesariamente. Nuestro objetivo a largo plazo es conseguir una democracia soberana, más profunda, en la que los representantes del pueblo se convirtieran realmente en los servidores del pueblo. Pero ese objetivo no es incompatible con que cooperemos con Parlamentos y Gobiernos existentes; de hecho, ya hay algún Parlamento regional en Europa que ha adoptado leyes que dan prioridad a empresas éticas. En España hay varios municipios del bien común, y hasta en el Parlamento Europeo tenemos dos invitaciones para darnos a conocer. Estoy seguro que dentro del modelo democrático actual aún podemos colaborar con las instituciones.

Portada de la nueva edición del libro 'La economía del bien común', escrito por Christian Felber.

¿Se podrían haber evitado la crisis y la austeridad con su teoría del bien común?

Yo creo que sí. Tendríamos abundancia y no tendríamos que recortar por el colapso del sistema financiero. El pueblo soberano diseñaría la economía de otra forma. Vemos con demasiada frecuencia casos de empresas exitosas pero que al mismo tiempo dañan a la sociedad: recortan miles de empleos, no pagan impuestos, destrozan el medio ambiente o socavan la democracia. Pero son exitosas porque solamente miramos los indicadores financieros. Esto en la economía del bien común sería imposible porque los primeros indicadores de éxito serán los éticos: en qué contribuye la empresa a la democracia, a las relaciones sociales, al medio ambiente y a la dignidad del ser humano. Esto se mide y se contabiliza, y según el resultado se recompensa. Las empresas menos éticas no tendrían posibilidad de seguir existiendo: o se transforman en una empresa ética y contribuyen a la resolución de las crisis, o bien tendrán que salir del mercado.

Sin embargo, la debilidad de los Estados frente a los mercados financieros es una realidad que no podemos ignorar. ¿Cómo hacemos para hacerles frente?

Muchas encuestas y estudios señalan que entre un 70% y un 90% de la población desea una alternativa al actual modelo económico. Desean menos desigualdad y más justicia social. Si ya hay una mayoría que desea eso, tenemos que hacer reformas y profundizar en la democracia y convertirla en una democracia soberana. Como este es un proyecto bastante ambicioso, es recomendable empezar con pequeños pasos. Ahí radica la mayor fuerza del movimiento ciudadano, empresarial y democrático que conforma la economía del bien común. En el mundo son ya 2.000 empresas las que apoyan el movimiento; 250 empresas que han hecho el balance del bien común voluntariamente; cada vez hay más municipios que se convierten en municipios del bien común, incluso ya tenemos una primera región; y cada vez más universidades empiezan a enseñar otra cosa, a investigar y a difundir nuestras ideas. Es un proceso largo pero nuestro objetivo es trabajar por concretar en leyes y en una Constitución realmente democrática lo que ya apoya una amplia mayoría.

¿Cómo sería el día a día de una persona en una economía del bien común? ¿Qué ventajas tendríamos como ciudadanos?

Lo primero es que habrá trabajo para todos, porque no trabajaríamos 40 horas. Se repartiría el trabajo. A medio-largo plazo tendríamos semanas de 20 horas. También habría un año sabático cada diez de trabajo. Cosas así. Eso incrementaría la calidad de vida porque tendríamos más tiempo para las relaciones sociales, el trueque, para estrechar lazos con nuestros vecinos y amigos; tendríamos más tiempo para hacer bien el trabajo, para pasarlo con la familia o cuidar mejor de los ancianos, por ejemplo. Segundo si fuéramos más respetuosos con el medio ambiente, si consumiéramos un poco menos, podríamos gozar de cosas que ahora no son posibles. Un ejemplo muy sencillo: el otro día me bañé en el río Tormes, en salamanca, y lo hice con cierto gozo, pero ese gozo hubiera sido mucho mayor si el río hubiera estado un poco más limpio. Estas experiencias tan nimias son capaces de hacernos felices: basta un poco más de tiempo para nosotros, un medio ambiente un poco más limpio y relaciones sociales refortalecidas para tener una vida mucho mejor.

Eso es una cuestión de educación, básicamente

Por supuesto. Proponemos enseñar y potenciar desde la escuela cosas como las emociones, la comunicación, los valores, el conocimiento y sensibilización del cuerpo, la democracia, aprender a tomar decisiones políticas de forma empática y eficiente, conocer la Naturaleza y aprender una artesanía. Esos contenidos son más importantes que cualquier otra asignatura impartida en la escuela.

¿Cómo explica que España sea uno de los países donde más aceptación tienen sus ideas?

Sí, España es, junto a Austria, Alemania y el norte de Italia, uno de los países donde más nos siguen. Es un movimiento muy joven, no hace ni cinco años que arrancamos pero ya hemos hecho cosas importantes. La aceptación en España se explica por tres razones: primero por la crisis; segundo, por los antecedentes históricos: la economía social y solidaria tiene más arraigo en España que en otros países porque los lazos sociales son aquí más estrechos que en los países nórdicos; y tercero, yo estudié filología hispánica, viví en Madrid y me encanta este país. Por eso acepto más invitaciones para venir aquí (risas).

FUENTE: http://www.publico.es/economia/christian-felber-economia-del-comun.html

Óscar Aguilera: “La vitamina C es anticancerígena

Publicado 15 enero, 2018 por Ana Maria Peña

 

 

 

Coordinador del Departamento de Oncología Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz Oscar Aguilera Martínezpublicó en 2016 en Oncotarget un importante estudio que demuestra que la vitamina C logra desacoplar la proteína KRAS mutada de la membrana celular inhibiendo así la activación de enzimas metabólicas internas que son clave para la transformación neoplásica. Descubrimiento trascendente porque avala y explica en buena medida los numerosos estudios realizados sobre la eficacia anticancerígena selectiva de la vitamina C intravenosa ya que el gen KRAS mutado está presente en muy diversos tumores. Asimismo demuestra la importancia del metabolismo en el crecimiento, invasividad, angiogénesis y metástasis de los tumores apoyando la tesis del Dr. Otto Warburg de que la causa principal del cáncer es la privación de oxígeno a nivel celular.

Óscar Aguilera asevera que si la vitamina C se inyecta en vena a muy altas dosis la ruta de señalización MAPK/ERK hiperactivada de los tumores se inhibe, algo vital porque es responsable de que la célula tumoral exprese una cantidad extremadamente alta de receptores GLUT-1 -entre otros-, responsables de la entrada de glucosa en la célula y se sabe que ésta es el principal combustible de las células cancerosas.

Cabe añadir que la vitamina C potencia el sistema inmune, mejora la respuesta linfoproliferativa a los mitógenos y la actividad linfotrópica, aumenta los niveles de interferón, la respuesta de los anticuerpos, los niveles de inmunoglobulinas y la secreción de hormonas por el timo. Importante porque como explica Óscar Aguilera“uno de los rasgos fisiológicos comunes a todos los enfermos de cáncer es su baja concentración de vitamina C, sea del tipo que sea el tumor”.

Todo esto y mucho más lo explica en este vídeo:

8 Razones Científicamente Respaldadas Para Cantar el “Om”

Publicado 12 enero, 2018 por Ana Maria Peña

El Om es un mantra que, sin duda, contiene una fuerte y alta vibración, y puedes sentir dicha vibración casi literalmente. Hay numerosos beneficios mentales, físicos y espirituales de los que te puedes beneficiar al cantar el Om, e incluso algunos estudios científicos han demostrado los beneficios que tiene para la salud.

razones para cantar el om

 

Según los Vedas, los sonidos típicos como las ondasde las olas que chocan contra la costa, el viento que mueve las hojas, etc., ocurren cuando se golpean entre sí, formando ondas de moléculas de aire que luego percibimos como sonido. Sin embargo, el sonido de Om evoluciona por sí solo, por lo que es visto como el sonido del universo, compuesto de todo lo que es. Como dijo Yoganand, cantar Om es “representar toda la conciencia”.

La palabra sánscrita Om se pronuncia como “Aum”, y se dice que representa la triple división del tiempo (estado de vigilia, estado de sueño y sueño profundo). El Om también representa a Dios, la Fuente o la Conciencia Universal. Se considera el sonido de la creación, representando todo lo que está en la creación, y permite a sus practicantes cultivar energía que fluye hacia arriba a través de los chakras y luego hacia afuera a través de la corona.

Según los textos yóguicos, el hinduismo y el budismo, Om es también el mantra relacionado con el chakra del tercer ojo, ya que cantar Om puede ayudar a limpiar y equilibrar tu tercer ojo. Om también se relaciona con el chakra corona, que representa la conexión de uno con la Fuente.

8 Beneficios que puede notar mientras canta Om:

Ayuda a reducir el estrés

Un estudio publicado en la Revista Internacional de Yoga encontró que el canto Om redujo la actividad en el sistema límbico, que es la porción del cerebro asociada con el estrés, las emociones, el aprendizaje y la motivación.

Al monitorear la actividad cerebral usando una máquina funcional de RMN, los investigadores encontraron que el canto de Om relajó el cerebro, y por lo tanto podría reducir el estrés. Otro estudio encontró que podría ser usado para tratar la depresión.

Mejora la concentración

Si estás familiarizado con la meditación, estoy seguro que puedes imaginarte cómo cantar un mantra como Om podría mejorar la concentración. Los textos yóguicos discuten los ocho miembros o ramas del yoga, y el sexto es Dharana, la palabra sánscrita para concentración.

En la práctica de la concentración, uno puede meditar y cantar mantras para lograr la máxima concentración. En este contexto, esto significa que el yogi está plenamente presente y por lo tanto es capaz de ralentizar la mente para concentrarse en un tema o silenciar completamente la mente.

Equilibra tus emociones

Si alguna vez te sientes un poco deprimido o ligeramente desconectado, cantar Om puede ayudarte a conectarte con el Ser y equilibrar tus emociones. Tal vez descubra que, mientras canta, su mente comienza a despejarse. Esto se debe a que te estás concentrando en una cosa: el sonido o la vibración que Om emite. Om mantiene la misma frecuencia que la de todo en la naturaleza, permitiéndote conectarte más y mirar hacia adentro.

Fortalece la médula espinal

Cuando usted pronuncia la primera parte de Om, haciendo el sonido “Aaaa”, la vibración se genera en el abdomen, lo que puede ayudar a sostener su médula espinal. Se dice que cuanto más a menudo un individuo canta Om, más eficiente su médula espinal puede llegar a ser.

Mitiga problemas estomacales

Un estudio de Harvard encontró que la meditación puede mitigar los síntomas del síndrome de los cuencos irritables (IBS) y mejorar la salud intestinal. El estudio mostró que al inducir la respuesta de relajación, los participantes mostraron síntomas reducidos de SII así como una disminución de la ansiedad y, en general, una mejor calidad de vida.

El canto Om también puede inducir la Respuesta de Relajación, ya que ésta es una práctica común de meditación. Así que, la próxima vez que tenga un dolor de estómago, quizás el canto Om podría ayudar a sus problemas estomacales también!

Mejorar la salud del corazón

En el pasado, se ha demostrado que la meditación mejora la salud del corazón. Si uno practica cantar Om varias veces seguidas, esto puede ser visto como una forma de meditación, especialmente porque una parte integral del canto Om es el silencio que se sufre después.

Un estudio realizado en 2006 examinó los efectos de la meditación trascendental (TM), una forma de meditación mediante la cual el practicante repite continuamente un mantra, y concluyó que la TM puede mejorar la presión arterial y el tono del sistema nervioso autónomo cardíaco y disminuir el riesgo de enfermedad coronaria.

Mejorar el estado de alerta mental

Un estudio de 2010 investigó los efectos que el canto Om tiene en la mente. Los investigadores descubrieron que el canto de Om resultó en una combinación de alerta mental y descanso fisiológico. Esto tiene sentido dado que la meditación y el canto pueden mejorar la concentración!

Ayuda a deshacerse de la negatividad

El canto Om crea una vibración positiva en el cuerpo, que puede atraer positividad a su vida. Cantar Om te permite concentrarte en tu chakra del tercer ojo y mirar hacia dentro, silenciando tu mente. Si usted se encuentra participando en conversaciones negativas de sí mismo mucho o no puede dejar de pensar, trate de cantar Om unas cuantas veces y ver si eso puede ayudar a su mente más despacio!
Pensamientos finales

No hay un método correcto o incorrecto cuando se trata de cantar; ¡todo el mundo puede hacerlo y todo el mundo puede sonar un poco diferente! A veces cantaré Om un par de veces mientras conduzco, o especialmente después de practicar yoga. Me ayuda a calmar mi mente y volverme hacia adentro, recordando el amor que todos tenemos dentro de nosotros. No tenga miedo de salir de su zona de comodidad y probar también!

FUENTE: http://despiertavivimosenunamentira.com/razones-para-cantar-el-om/

La revolución educativa será por amor, o no será

Publicado 7 enero, 2018 por Ana Maria Peña

Una palabra maldita

Cuando era adolescente discutí con una compañera de clase. Ella trataba de convencerme de que no había razones para preocuparse por el agujero de la capa de ozono. No había –y esto era lo que a mí más me irritaba– razones para el compromiso. No había necesidad de cambiar, no había necesidad de cuidar. Antes de que nos afectara a nosotras –me decía– los científicos le encontrarían arreglo. La tecnología, seguro, nos iba a sacar del entuerto.

Aquella conversación me vino a la mente casi treinta años después, al leer Mal de escuela, un libro sobre todo honesto en el que Daniel Pennac narra sus días de estudiante y su experiencia como profesor: «Entre maestros está mal visto hablar de amor», recuerda. «Intentadlo y veréis, es como mencionar la soga en casa del ahorcado».Y qué razón tiene: basta con detenerse un poco a ojear las noticias y artículos relacionados con educación para darse cuenta de que el amor pincha poco y corta menos en esto de la «innovación educativa». Da igual lo profundo que sea el hoyo en que está metido nuestro sistema educativo, lo único que al parecer nos sacará del entuerto –esta vez también– son las competencias digitales, el flipped classroom, el desarrollo del talento y el ABP.

No es la primera vez que la tecnología –ese nuevo dios de una sociedad mecanizada– suplanta al amor en las vidas de los niños. En Europa y Estados Unidos, durante el periodo de entreguerras, muchos bebés recién nacidos terminaban en orfanatos e instituciones benéficas. Casi todos morían en su primer año, por causas que se atribuyeron primero a la malnutrición y más tarde a las infecciones. En los hospitales y orfanatos se implementaron entonces medidas higiénicas para evitar contagios, entre ellas la de aislar a los niños en cubículos y no tocarlos más que lo estrictamente necesario. Pero a pesar de que su alimentación era buena y su higiene estricta, los bebés y niños seguían enfermando y muriendo. Un pediatra llamado Harry Bakwin, basándose en sus observaciones y su intuición, decidió cambiar estas prácticas. Sustituyó los letreros que solicitaban al personal sanitario que se lavara las manos antes de entrar en la planta infantil por indicaciones como esta: «No entre en la guardería sin tomar en brazos a un bebé». De inmediato, las tasas de infección comenzaron a bajar 1 .

Bakwin había sido capaz de empatizar con una necesidad profunda de los bebés y de los niños: la conexión emocional con otro ser humano expresada a través del contacto físico, de las caricias y las sonrisas. Algo que, en el caso de una criatura, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Ningún médico de aquella época hubiera imaginado siquiera que una situación de estrés crónico podría debilitar nuestro sistema inmunitario y conducir a la muerte 2 . Pero así era: en los orfanatos y los hospitales, los bebés, sin amor, morían de tristeza.

En ese entonces, los niños y niñas no tenían la consideración de «personas», y por eso no se creía que el trato que recibieran por parte de los adultos fuera determinante en su desarrollo. A mediados del siglo XX, la psicología aún giraba en torno a dos visiones enfrentadas: la teoría de los impulsos de Freud y el conductismo. Ninguna de ellas daba demasiada importancia a las relaciones humanas. Y fue en este contexto tan hostil en el que un psicólogo llamado Harry Harlow se propuso dejar bien claro lo importante que es el amor.

Monkey Mountain, por Jens Schott Knudsen, CC BY-NC 2.0.Monkey Mountain, por Jens Schott Knudsen, CC BY-NC 2.0.

Harlow, en su laboratorio de primates de la Universidad de Wisconsin, estaba tratando de poner coto a las infecciones que diezmaban su comunidad de monos Rhesus. Llegó a una solución muy sencilla: aislar a los monitos en jaulas individuales de alambre desde recién nacidos. Pero se dio cuenta de que solo sobrevivían aquellas crías cuyas jaulas estaban recubiertas de una tela acolchada, una tela a la que los monitos se aferraban como si, literalmente, les fuera la vida en ello.

Las crías de mono (seguramente igual que las humanas) preferían el calor y la suavidad al alimento. Es decir, preferían el amor. Y lo preferían porque sin ese «amor» enloquecían.

Entonces Harlow decidió diseñar un experimento que iba a revolucionar la psicología de las relaciones madre-cría. Construyó una muñeca de alambre del mismo tamaño que una hembra Rhesus, a la que le acopló un biberón con leche. Colocó estas «madres de alambre» en algunas de las jaulas, junto con una cría. En las demás jaulas colocó una muñeca de alambre forrada de tela acolchada, y sin biberón. Lo que pudieron ver Harlow y sus ayudantes habría sido inconcebible para muchos hasta ese momento: los bebés Rhesus que habían sido separados de su madre biológica preferían siempre (sobre todo cuando estaban asustados) la cercanía de la «madre» sustitutoria forrada de tela, aunque no les proporcionara alimento, frente a la «madre» que les suministraba leche pero estaba fabricada solo de alambre. Las crías de mono (seguramente igual que las humanas) preferían el calor y la suavidad al alimento. Es decir, preferían el amor. Y lo preferían porque sin ese «amor» enloquecían.

Cuando los pediatras de principios del siglo XX, como Harlow más tarde, quisieron hacer sobrevivir a los bebés aplicando a rajatabla una serie de principios científicos y técnicos fracasaron estrepitosamente. Fracasaron porque, sumidos en su «metodolatría»3, no alcanzaban a entender qué era lo que de verdad necesitaban esos niños y niñas. En aquel fracaso no puedo evitar ver reminiscencias de lo que está sucediendo hoy en nuestras escuelas, en donde las condiciones de control higiénico del aprendizaje (exámenes, horarios, asignaturas, deberes, burocracia…) son máximas, y sin embargo hay algo que se va apagando poco a poco hasta morir.

De amor, humor y aprendizaje

¿Qué pasaría si los planes de estudios dejaran de ser listados de conocimientos teóricos y estuvieran pensados para fomentar la experiencia de relacionarnos con otras personas, con las ideas y los objetos, con la naturaleza, desde una actitud de cuidado? Para Nel Noddings, una filósofa y educadora feminista que ha aplicado la ética del cuidado a la educación, las escuelas no han de entenderse como dispensadores de conocimiento e información, sino como lugares donde se dan las relaciones nutritivas que son necesarias para que se produzca el aprendizaje. Porque lo cierto es que esa actitud de cuidado, de atención, es esencial para desarrollar la curiosidad que nos impulsa a descubrir y entender el mundo que nos rodea.

Nos demos cuenta de ello o no, la escuela transmite mucho más que conocimientos: transmite, aunque de forma invisible, una serie de valores y de actitudes que conforman las identidades individuales de los estudiantes y moldean su forma de pensar, de sentir y de actuar. Esas actitudes vitales no se aprenden de los libros de texto, sino en la relación con otras personas. Una relación que en la escuela no es libre sino que está mediada por las estructuras y dinámicas escolares, que por lo general favorecen el conformismo, la pasividad, la obediencia, la competitividad y el individualismo.

Lo que aprendemos por medio de nuestras relaciones con otras personas, de manera vivencial, en un intercambio social y afectivo, permanece con nosotras de por vida.

Love Hole, por Paolo Di Tomaso, CC BY-NC 2.0.

Love Hole, por Paolo Di Tomaso, CC BY-NC 2.0.

Olvidamos muy pronto la mayor parte de la información que aprendimos mecánicamente, año tras año, en la escuela. En cambio, lo que aprendemos por medio de nuestras relaciones con otras personas, de manera vivencial, en un intercambio social y afectivo, permanece con nosotras de por vida. «El amor, o su ausencia, transforma la mente infantil para siempre», declaran los psiquiatras Lewis, Amini y Lannon recordando los experimentos de Harlow4. En la misma línea habla el neuropsicólogo Richard Davidson: «Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud». Si estamos dispuestas a asumir que existe una relación crucial entre el amor y el desarrollo cerebral, ¿cómo habrían de ser las relaciones en la escuela para favorecer esa actividad mental, pero también social, que es el aprendizaje? Meredith Small, una de las voces más destacadas de una nueva disciplina conocida como etnopediatría, no tiene dudas al respecto: «Lo que importa de verdad no es si un niño de tres años está aprendiendo los colores y a leer, sino ¿lo abraza su maestra?».

El amor deja una huella imborrable en los procesos cognitivos ya desde nuestras primeras experiencias afectivas, porque las conexiones neuronales se construyen en gran medida por medio de la interacción social, de la relación con otras personas. John Bowlby fue uno de los pioneros en investigar cómo el apego emocional entre una madre y su bebé puede afectar al comportamiento y la personalidad de un niño. Solo cuando un bebé ha desarrollado un vínculo afectivo seguro es capaz de invertir su atención en explorar y descubrir el entorno: cuando siente miedo, deja de explorar y regresa corriendo junto a su «figura de apego» (su madre, normalmente). En el momento en que su figura de apego se acerca a él o lo abraza, tranquilizándolo, la actividad exploratoria puede reanudarse5. Pero esto no le sucede solo a los bebés: en su libro Aprender en libertad, Peter Gray nos recuerda que la ansiedad y el estrés ponen coto a la creatividad y la búsqueda de soluciones alternativas, e inhiben el aprendizaje en niños y también en adultos. El distrés (el estrés que está asociado a la ansiedad y que nos resulta desagradable) tiene un efecto negativo sobre nuestra inteligencia emocional, sobre nuestras relaciones y nuestra capacidad para tomar decisiones. Nos vuelve idiotas. De ello es fácil deducir que el clima emocional en la escuela, y en el aula, tiene mucho que ver con la capacidad de los estudiantes para salir de su zona de confort: cuanto más seguros se sientan a nivel emocional, más firmes serán sus pasos en ese territorio desconocido y novedoso por el que discurre el aprendizaje.

Laughing Buddha, por Michael Kuhn, CC BY-NC-SA 2.0

Laughing Buddha, por Michael Kuhn, CC BY-NC-SA 2.0

Cuando los estudiantes perciben que su relación con el profesorado está basada en el respeto y el diálogo, sus resultados académicos mejoran6. Pero esta percepción, más que de unas prácticas pedagógicas predeterminadas, depende del propio docente: de su entusiasmo, de su cercanía emocional, de su capacidad para reconocer sus propios errores, de su confianza en los estudiantes, de su sentido del humor… 7. Algunos de estos rasgos, en realidad, se corresponden con un estado de ánimo «lúdico», un estado mental alerta y activo pero no estresado –el mismo que tenemos cuando nos sumergimos en el juego libre– que es el que más favorece el aprendizaje, como explica Peter Gray. ¿Podría ser que los estudiantes, sin saberlo, imiten la actitud lúdica del docente? ¿O es sencillamente que los profes que confían en sus alumnos logran a su vez que los chicos y chicas confíen en sí mismos y en sus capacidades? Quizá ambas cosas.

Las decisiones no se toman solo con la cabeza sino sobre todo con el corazón

Cómo nos vemos y cómo nos comportamos tiene mucho que ver con cómo nos ven y qué esperan de nosotras las demás personas. Ya en los bebés, un gesto de desaprobación de la madre puede desencadenar la producción de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol, que ponen fin a la secreción de las placenteras endorfinas. En los años sesenta, los psicólogos Rosenthal y Jacobson quisieron averiguar si las primeras impresiones que se hacen los docentes de sus estudiantes tienen algún efecto sobre el rendimiento posterior de los chicos. En su estudio descubrieron lo que se ha llamado el «efecto Pigmalión»: cuanto mayores eran las expectativas que el docente tenía de un estudiante –es decir, cuanto más confiaba en él o ella– mejores eran sus resultados. Como si se tratara de una «profecía autocumplida», los estudiantes se comportaban de acuerdo a esas expectativas. En los últimos años, este efecto misterioso se ha podido comprender mejor con el descubrimiento de las neuronas espejo (implicadas en el aprendizaje por imitación y en emociones como la empatía) y gracias a la teoría de la resonancia límbica, propuesta por Lewis, Amini y Lannon, que plantea que el sistema límbico de nuestro cerebro nos confiere a los mamíferos la capacidad de entrar en sintonía, de vibrar con el estado emocional de otro. Pero las emociones, además de ser contagiosas, son también el motor de nuestra conducta y pueden cambiar el rumbo de nuestra vida, porque las decisiones no se toman solo con la cabeza, sino sobre todo con el corazón8.

Albert Camus con Catherine y Jean, sus bebés. Fuente: Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. 

Albert Camus con Catherine y Jean, sus bebés. Fuente: Wikimedia CommonsCC BY-SA 4.0.

Albert Camus creció en un barrio obrero de Argel. Su padre había muerto cuando él tenía solo once meses, y su madre –pobre, sordomuda y analfabeta– tuvo que criarlo con la única ayuda de una abuela poco dada a sensiblerías. A simple vista nadie podría haber presagiado el brillante futuro que le esperaba a ese chico salido de los arrabales. Pero cuando a sus cuarenta y cuatro años recibió el Premio Nobel de Literatura, Camus escribió una carta. Era una carta de agradecimiento: «Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, no hubiera sucedido nada de esto». Dirigía estas palabras a Louis Germain, el maestro de escuela que tanto había confiado en él y le había ayudado a abrirse camino. La respuesta del Señor Germain fue humilde y llena de ternura: «El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y estas se presentan constantemente».

La práctica del amor

Amar es prestar atención. Observar. Escuchar.

Como seguramente sabía Louis Germain, solo se puede amar lo que se conoce. Amar es prestar atención. Observar. Escuchar. Al atender a otra persona con todos nuestros sentidos, en nuestro cerebro se activan las mismas neuronas que en el suyo. Nos transformamos mutuamente.

La filósofa Simone Weil consideraba la atención como un rasgo esencial del amor. «Cuando mi actitud es de cuidado, escucho, veo o siento de verdad lo que la otra persona intenta transmitirme», nos dice Noddings, para quien la receptividad y la atención son la base de una actitud de cuidado. El biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana añade: «Amar implica ver al otro, escuchar al otro o a la otra». Y esto tiene una implicación directa en la educación: «Amar educa. Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas y nos damos tiempo para estar allí con el niño o niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable que va a escoger desde sí. El poder escoger lo que se hace, el poder escoger si uno quiere lo que escogió o no, ¿quiero hacer lo que digo que quiero hacer?, ¿me gusta estar donde estoy?”, son algunas de las preguntas que aparecen»9.

Esas características de un espacio educativo que menciona Maturana se asemejan mucho a los tres rasgos que para Carl Rogers, uno de los creadores de la psicología humanista, conforman una relación de ayuda o de cuidado: la aceptación, la autenticidad y la empatía. Es el sentirnos aceptadas en una relación lo que nos da seguridad y nos permite descubrir y expresar todo nuestro potencial. Pero ¿qué significa «aceptar»? Aceptamos a los niños y niñas cuando los miramos sin juzgarlos, poniéndonos en su lugar desde la empatía, sin esperar que sean como querríamos que fueran, sin tratar de conducir ni condicionar su comportamiento a base de castigos y premios, de amenazas y chantajes. Pero para ello antes hemos tenido que aceptarnos a nosotras, tomar contacto con nuestras propias necesidades y ser capaces de entablar relación con los chicos y chicas desde la autenticidad, sin artificio, reconociendo y aceptando nuestras propias emociones, errores y contradicciones, sean cuales sean. Noddings recoge también este papel central de la aceptación (o «confirmación», como ella la llama) en el proceso educativo, e insiste en que para relacionarnos así con los estudiantes no podemos seguir una fórmula, una receta. La aceptación del otro necesita de la confianza, y la confianza surge solo en una relación continuada en el tiempo. Pero el tiempo es precisamente una de las cosas más importantes que nuestro sistema educativo escatima a estudiantes y docentes.

+ amor, por rebecapaz, CC BY-NC-SA 2.0.

+ amor, por rebecapaz, CC BY-NC-SA 2.0.

En un sistema directivo, con ratios en alza y que raciona el tiempo, los profesores no tienen oportunidad de establecer una relación duradera con los estudiantes y no llegan a conocerlos; no les queda más remedio que seguir un método, unas pautas preestablecidas que ahorren tiempo y den apariencia de eficiencia y control. El resultado es que, sin darse cuenta, el docente deshumaniza a los alumnos, porque las circunstancias particulares de estos y su individualidad se desdibujan, y no hay posibilidad de vincularse emocionalmente con ellos. «En la enseñanza y en la administración desarrollamos toda clase de procedimientos de evaluación, de manera que la persona vuelve a percibirse como un objeto. Creo que de esta manera nos impedimos a nosotras mismas experimentar el cuidado y la empatía que existiría si reconociéramos que es una relación entre dos personas», nos dice Rogers.

Hoy en día, a pesar de que la democratización del conocimiento esté haciendo mella en la autoridad del «experto», seguimos dando la espalda a nuestra intuición y a nuestras emociones, y preferimos muchas veces aferrarnos a un método que nos evite enfrentarnos a la inseguridad. Sin embargo, aplicar un método de forma sistemática, por muy buenas que sean nuestras intenciones, es caer en una trampa, como apunta Rogers: «Vemos indicios de esto en la actitud de algunos padres y madres sofisticados que saben que el afecto “es bueno” para su hijo. Este conocimiento a menudo les impide ser ellos mismos, actuar libremente, de forma espontánea… siendo cariñosos, o no». Y añade, como crítica al cientificismo: «Si sabemos todo acerca de cómo se produce el aprendizaje, usaremos ese conocimiento para manipular a la gente». Es decir, para controlarla.

Esto es lo que ocurre, sin ir más lejos, cuando nos valemos del espíritu de juego de los niños para introducir los contenidos que prescribe el currículum y lo llamamos «aprender jugando», desvirtuando así el verdadero sentido del juego libre. O cuando utilizamos el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como una metodología que nos facilita la tarea de forzar el aprendizaje, en lugar de como una herramienta que nos ha de llevar a transformar las relaciones de poder en la escuela, y a devolver a los chicos y chicas la iniciativa y la capacidad crítica.

Determinados medicamentos producen efectos secundarios iatrogénicos, efectos secundarios imprevistos e indeseados. En nuestras escuelas, ese efecto secundario no contemplado –que puede durar de por vida– es el rechazo, el odio incluso, hacia aquello que se nos ha obligado a aprender por la fuerza.

En este afán de control reside uno de los mayores problemas de nuestro sistema educativo. Las condiciones de control que impone el sistema en relación con el aprendizaje pretenden conducir a los niños y niñas por un camino prefijado hacia la adquisición de conocimientos. El sistema se convierte así en un «tratamiento» de aplicación masiva contra la supuesta ignorancia de los niños. Pero sabemos de sobra que determinados medicamentos producen efectos secundarios iatrogénicos, efectos secundarios imprevistos e indeseados. En nuestras escuelas, ese efecto secundario no contemplado –que puede durar de por vida– es el rechazo, el odio incluso, hacia aquello que se nos ha obligado a aprender por la fuerza.

Hands, por Barnaby Wasson, CC BY-NC-SA 2.0.

Hands, por Barnaby Wasson, CC BY-NC-SA 2.0.

Solo hay un antídoto contra el odio, y es el amor. Pero nadie puede obligarnos a amar, ni el amor se aprende por obligación. El amor solo puede ofrecerse desde la libertad y, como afirmaba Erich Fromm10, cuando amamos queremos la libertad del otro. Frente a la vorágine publicitaria que nos vende la libertad como garantía de felicidad, Rogers nos explica que una persona libre no equivale a una persona feliz: una persona libre será probablemente una persona creativa, abierta al mundo, pero no necesariamente «adaptada» a su cultura, «y desde luego no será conformista». Quizá la libertad, en realidad, haga a una persona más proclive a la infelicidad, a la indignación o la rabia ante la injusticia: «En determinadas situaciones sociales es posible que sea muy infeliz, pero seguirá avanzando para ser ella misma».

La infelicidad y el inconformismo son una respuesta saludable a un estado de cosas que sentimos la necesidad de cambiar, y este anhelo de hacer del mundo un lugar mejor entraña en el fondo un elemento de cuidado, de ternura: la revolución es en esencia un acto de amor11. En los países occidentales y occidentalizados nuestros hijos e hijas pasan la mayor parte de su infancia a cargo de profesionales que no pueden verlos, ni escucharlos, ni conocerlos. Los padres y madres tienen poco tiempo y poca paciencia. Están estresados, o no están. Y la escuela –ese «almacén de niños», como tan bien la describió Michael Ende en Momo– va cobrando un parecido siniestro con aquella madre de alambre en cuya compañía los monitos de Harlow languidecían. En las jaulas que llamamos aulas, algo seguirá muriendo poco a poco mientras no nos hagamos eco de la misma idea que Harlow proclamaba a los cuatro vientos: que la calidad de nuestras relaciones nos marca desde el primer hasta el último día de nuestras vidas. Y que solo recuperando y habitando esa palabra maldita, amor, conseguiremos de verdad transformar la educación.


Nota de la autora 
Con muchas dudas decidí hablar de los experimentos de Harry Harlow en este artículo. Experimentos que causaron un sufrimiento espantoso a decenas de animales indefensos. Sin embargo –y sin dejar de reivindicar un tratamiento ético para los animales de laboratorio en nuestros días– creo que para que ese sufrimiento no haya sido en vano es necesario que se conozcan estas investigaciones y que aprendamos todo lo que, desde una visión crítica pero informada, podemos aprender de ellas.

Referencias:

1Becoming attached (1994), por Robert Karen.

2The Balance Within (2000), por Esther M. Sternberg.

3Expresión acuñada por la teóloga feminista Mary Daly.

4Una teoría general del amor, por Lewis, Amini y Lannon.

5Becoming attached (1994), por Robert Karen.

6Baker, Terry, Bridger y Winsor (1997), Pomeroy (1999).

7Stronge, 2007: http://mnprek-3.wdfiles.com/local–files/teacher-effectiveness/Qualities%20of%20Eff%20Teachers%20-%20Stronge.pdf

8El error de Descartes (1994), por Antonio Damasio.

9véase http://www.eligeeducar.cl/amar-educa-mensajes-humberto-maturana-los-educadores

10El miedo a la libertad (1941), por Erich Fromm.

11«Cada vez nos convencemos más de la necesidad de que los verdaderos revolucionarios reconozcan en la Revolución un acto de amor» (Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, 1970).

Lecturas recomendadas:

The challenge to care in schools (1992), por Nel Noddings.
El proceso de convertirse en persona (1967), por Carl Rogers.
Love at Goon Park (2002), por Deborah Blum.
Our babies, ourselves, por Meredith Small.

FUENTE: http://www.estonoesunaescuela.org/bitacora/innovacion-educativa/la-revolucion-educativa-sera-por-amor-o-no-sera?utm_source=Esto+no+es+una+escuela&utm_campaign=79c1aa3fe5-EMAIL_CAMPAIGN_2018_01_06&utm_medium=email&utm_term=0_8154c9edeb-79c1aa3fe5-199778517&mc_cid=79c1aa3fe5&mc_eid=5c562adcd3

Ejemplos De Niños Que Recuerdan Sus Vidas Pasadas Que Han Sido Examinados Por Científicos

Publicado 2 enero, 2018 por Ana Maria Peña

La reencarnación es un tema fascinante que ha permanecido al margen del estudio científico durante demasiado tiempo. Afortunadamente, recientemente ha comenzado a atraer un gran interés por parte de la comunidad científica.

ejemplos reencarnacion niños

Hace décadas, el astrónomo y astrobiólogo estadounidense Carl Sagan declaró que “hay tres afirmaciones en el campo de la parapsicología que, en mi opinión, merecen un estudio serio” con un ser “que los niños pequeños a veces informan detalles de una vida anterior, que al comprobar resultan ser exactos y que no podrían haber conocido de otra manera que la reencarnación”.

Hasta el día de hoy, se han hecho descubrimientos sorprendentes, ya que múltiples investigadores se han encargado de estudiar este intrigante e inexplicable -al menos desde una cosmovisión científica materialista- fenómeno. Temas como la reencarnación pertenecen a las ciencias no materiales, un área de investigación que merece más atención. Como dijo el propio Nikola Tesla,“el día que la ciencia empiece a estudiar los fenómenos no físicos, progresará más en una década que en todos los siglos anteriores de su existencia”.

El psiquiatra de la Universidad de Virginia Jim Tucker es posiblemente el investigador líder mundial en este tema, y en 2008, publicó una revisión de casos que sugerían reencarnación en la revista Explore.

Un caso típico de reencarnación, descrito por Jim, incluye sujetos que reportan una experiencia de vida pasada. Lo interesante es que el 100 por ciento de los sujetos que reportan recuerdos de vidas pasadas son niños.

La edad media cuando comienzan a recordar su vida pasada es de 35 meses, y sus descripciones de los acontecimientos y experiencias de su vida pasada son a menudo extensas y notablemente detalladas. Tucker ha señalado que estos niños muestran una participación emocional muy fuerte cuando hablan de sus experiencias; algunos en realidad lloran y rogan a sus padres que los lleven a lo que dicen que es su familia anterior.

Según Tucker:

Los sujetos por lo general dejan de hacer sus declaraciones de vidas pasadas a la edad de seis a siete años, y la mayoría parecen perder los supuestos recuerdos. Esta es la edad en que los niños comienzan a ir a la escuela y comienzan a tener más experiencias en la vida actual, así como cuando tienden a perder sus recuerdos de la infancia temprana.

Sam Taylor

Sam Taylor es un niño sobre el que Tucker estudió y escribió. Nacido 18 meses después de la muerte de su abuelo paterno, comenzó a recordar detalles de una vida pasada cuando tenía poco más de un año:

Cuando tenía 1 año y medio, levantó la vista mientras su padre le cambiaba el pañal y dijo: “Cuando tenía tu edad, te cambiaba los pañales”. Empezó a hablar más sobre haber sido su abuelo. Eventualmente le contó detalles de la vida de su abuelo que sus padres sabian no podría haberlos sabido de alguna manera, puesto que nadie se lo había dicho, como el hecho de que la hermana de su abuelo había sido asesinada y que su abuela había usado un procesador de alimentos para hacer batidos para su abuelo todos los días hasta el final de su vida.

Ryan – Un niño del medio oeste

La historia de Ryan comenzó cuando tenía 4 años, cuando estaba experimentando pesadillas frecuentes y horribles. Una vez cumplidos los cinco años, le hizo un anuncio a su madre. Le dijo: “antes era otra persona”

A menudo hablaba de “volver a casa” que era Hollywood y rogaba a su madre que lo llevara allí. Él le contó historias detalladas acerca de conocer a estrellas como Rita Hayworth, bailar en producciones de Broadway y trabajar para una agencia donde la gente frecuentemente cambiaba de nombre. Incluso recordó que el nombre de la calle donde vivía tenía la palabra “rock”.

Cyndi, la madre de Ryan, dijo que “sus historias eran tan detalladas y extensas que no era como si un niño se lo hubiera inventado”.

Cyndi decidió sacar algunos libros sobre Hollywood de su biblioteca local, pensando que tal vez algo en su interior llamaría la atención de su hijo, y así fue. El niño dijo que era un hombre que salía en una de las fotos de una película.

Ellos decidieron buscar la ayuda de Tucker, quien tomó el caso y comenzó su investigación. Después de sólo dos semanas aproximadamente, un archivero cinematográfico de Hollywood pudo confirmar la identidad del hombre de la foto. La película era de una película titulada “Noche tras noche”, y el hombre era Marty Martyn, que había sido un extra de película y más tarde se convirtió en un poderoso agente de Hollywood antes de morir en 1964.

Martyn, de hecho, había bailado en Broadway, trabajó en una agencia en la que a menudo se creaban nombres escénicos para nuevos clientes, viajaba al extranjero a París y vivía en 825 North Roxbury Drive en Beverly Hills.

Éstos eran todos los detalles que Ryan fue capaz de comunicar a Tucker antes de que se enteraron de la identidad de quien él describió; por ejemplo, Ryan sabía que la dirección tenía “Rox” en él. Ryan también pudo recordar cuántos hijos tuvo Martyn y cuántas veces estuvo casado. Más notable aún es el hecho de que Ryan sabía que Martyn tenía dos hermanas, pero la hija de Martyn no lo sabía.

Ryan también recuerda a una criada afroamericana; Marty y su esposa emplearon a varias. Estos son sólo algunos de los 55 hechos increíbles que Ryan puede recordar de su vida anterior como Marty Martyn, aunque a medida que envejece, sus recuerdos se vuelven cada vez más tenues.

Chanai Choomalaiwong

Chanai es un niño de Tailandia que, cuando tenía tres años de edad, comenzó a decir que había sido una maestra llamado Bua Kai, a quien le habían disparado y matado mientras iba en bicicleta a la escuela. Suplicó y rogó que lo llevaran a los padres de Bua Kai, quienes sintió que eran sus propios padres. Conoció la aldea donde vivían, y finalmente convenció a su abuela para que lo llevara allí. Según la investigación:

Su abuela informó que después de bajarse del autobús, Chanai la llevó a una casa donde vivía una pareja mayor. Chanai parecía reconocer a la pareja, que eran los padres de Bua Kai Lawnak, una maestra a la que habían disparado y matado de camino a la escuela cinco años antes de que Chanai naciera.

Lo fascinante es que Kai y Chanai tenían algo en común. Kai, a quien le dispararon desde atrás, tenía heridas pequeñas y redondas en la parte posterior de la cabeza, típicas de una herida de entrada, y heridas de salida más grandes en la frente; Chanai nació con dos marcas de nacimiento, una pequeña marca de nacimiento redonda en la parte posterior de la cabeza, y una marca de nacimiento más grande e irregular hacia el frente.

El caso de P. M.

P. M. era un niño cuyo medio hermano había muerto de neuroblastoma 12 años antes de su nacimiento. El medio hermano fue diagnosticado después de que comenzase a cojear, y luego sufrió una fractura patológica en su tibia izquierda. Se sometió a una biopsia de un nódulo en su cuero cabelludo, justo por encima de su oreja derecha, y recibió quimioterapia a través de una línea central en su vena yugular externa derecha. En el momento de su muerte tenía dos años y estaba ciego del ojo izquierdo.

P. M. nació con tres marcas de nacimiento que coinciden con las lesiones de su medio hermano, así como con una hinchazón de 1 cm de diámetro por encima de su oreja derecha y una marca oscura e inclinada en la parte anterior inferior derecha de su cuello. También tenía lo que se conoce como un “leucoma corneal”, que lo hizo estar virtualmente ciego en el ojo izquierdo.

Tan pronto como P. M. comenzó a caminar, lo hizo con cojera y a la edad de 4.5 años y medio le habló a su madre sobre querer volver a la casa anterior de la familia, describiéndola con gran exactitud. También habló de la cirugía del cuero cabelludo de su hermano a pesar de que nunca se le había dicho antes.

Kendra Carter

Cuando Kendra comenzó sus clases de natación a la edad de 4 años, inmediatamente desarrolló un apego emocional hacia su entrenador. Poco después de empezar sus clases, comenzó a decir que el bebé de la entrenadora había muerto y que la entrenadora estaba enferma y había perdido a su bebé.

La madre de Kendra siempre estaba en sus clases, y cuando le preguntó a Kendra cómo sabía estas cosas, su respuesta fue: “Yo soy el bebé que estaba en su barriguita”. Kendra describió un aborto, y su madre se enteró más tarde de que la entrenadora había tenido un aborto 9 años antes de que Kendra naciera:

Kendra se ponía contenta cuando estaba con el entrenador y tranquila a la vez. Finalmente, el entrenador tuvo una discusión con la madre de Kendra y cortó el contacto con la familia. Kendra entonces entró en una depresión y no habló durante 4,5 meses. El entrenador restableció un contacto más limitado en ese punto, y Kendra lentamente empezó a hablar de nuevo y a participar en actividades.

James Leininger

Cuando ocurrió este caso, James era un niño de 4 años de edad de Luisiana. Y él creía que una vez fue un piloto de la Segunda Guerra Mundial que había sido derribado por Iwo Jima, una isla que Estados Unidos luchó para capturar en 1945.

Sus padres se dieron cuenta de esto por primera vez cuando James comenzó a tener pesadillas, despertando y gritando “accidente aéreo” y “avión en llamas”. Sabía detalles sobre el avión de la Segunda Guerra Mundial que sería imposible que un niño como él supiera.

Por ejemplo, cuando su madre se refirió a un objeto en el fondo de un modelo de avión como una bomba, fue corregida por James, quien le informó que era un “tanque de caída”. En otro caso, él y sus padres estaban viendo un documental, y el narrador llamó a un avión japonés Zero, cuando James insistió en que era Tony. En ambos casos, James resultó tener razón.

James también insistió en que en su vida anterior había volado de un barco llamado Natoma, que, como descubrieron los Leiningers, era un portaaviones de la WW11 (USS Natoma Bay).

¿Cómo podría un niño de dos años en Luisiana recordar haber sido un piloto de la Segunda Guerra Mundial derribado sobre el Pacífico?

El escéptico más grande de este caso fue el padre del niño, quien comentó que él era “el escéptico de toda la vida, pero la información que Santiago nos dio fue tan sorprendente e inusual”.

 

Fuentes:

https://med.virginia.edu/perceptual-studies/wp-content/uploads/sites/267/2015/11/REI37.pdf DIFUNDE LA PALABRA-

http://www.rd.com/health/conditions/chilling-reincarnation-stories/ DIFUNDE LA PALABRA-

http://uvamagazine.org/articles/the_science_de_reencarnación

 

Los bebés deberían dormir en la cama de mamá al menos hasta los tres años

Publicado 13 diciembre, 2017 por Ana Maria Peña

 

Los bebés deberían dormir en la cama de mamá al menos hasta los tres años

Hace unos 5 años Margot Sunderland, directora de educación en el Centro de Salud Mental Infantil de Londres recomendó en su libro “La ciencia de ser padres” que los niños durmieran con los padres al menos hasta los 5 años.

Ahora Nils Bergman, un neonatólogo director de la Maternidad del Hospital de Mowbray, en Sudáfrica, recomienda lo mismo, aunque no es tan atrevido al mencionar el periodo idóneo. Según Bergman, los niños deberían compartir la cama de la madre al menos hasta los 3 años.

Según este pediatra, los niños que duermen con sus madres se estresan menos que los niños que duermen solos. Es más, los niños que se duermen en el pecho de su madre descansan mejor que los que pasan la noche en una cuna.

El desarrollo cerebral de los niños también puede variar según dónde pasen la noche, pues parece ser que la separación del niño y de la madre y el padre todas las noches, si a los niños les genera miedo y estrés, podría derivar en problemas de comportamiento en la edad adulta.

El miedo a la muerte súbita y el colecho

Las recomendaciones habituales con respecto al sueño infantil y la muerte súbita dicen que lo ideal es que los bebés no compartan cama, sino que estén en su cuna, aunque compartan habitación.

En un estudio realizado en Reino Unido se ha observado que en dos tercios de las muertes inexplicables los niños compartían cama con los padres.

Esto hace que la Foundation for the Study of Infant Deaths (Fundación para el Estudio de la mortalidad infantil) siga recomendando que padres e hijos no compartan cama.

El Dr. Bergman, uno de los padres del llamado Método Madre Canguro, dice en cambio que los datos que suelen recogerse con respecto a la mortalidad de los niños durante la noche son erróneos, porque esas muertes no son causadas por la presencia de la madre.

Según dice, suelen ser por otras causas como que los padres sean fumadores, que hayan bebido alcohol, que utilicen cojines o almohadas grandes que llegan a la altura de los bebés, etc., es decir, que dormir con un bebé en la cama es algo peligroso si no tienes en cuenta una serie de reglas básicas.

Estudiando el sueño de los niños

Para acabar recomendando dormir con los niños hasta al menos los 3 años, Bergman y su equipo han llevado a cabo un estudio en el que se han observado los patrones de sueño de 16 niños.

En dicho estudio se ha visto que los bebés que duermen solos en una cuna tienen un nivel de estrés hasta tres veces superior que los bebés que duermen en el pecho de su madre.

Además, se ha observado que los bebés que duermen en la cuna tienen interrupciones en sus ciclos del sueño, algo de vital importancia en el desarrollo general de los órganos del bebé.

Los bebés no deberían estresarse

Como hemos comentado en otras ocasiones, los bebés también se estresan y se ponen nerviosos como los adultos, con una (grandísima) diferencia. Nosotros conocemos estrategias diversas para calmarnos, relajarnos y buscar soluciones que nos devuelvan a nuestro estado normal de tranquilidad, mientras que los bebés no.

Ellos no saben relajarse, no pueden llamar a su mejor amiga para contarle las penas, ni pueden escribir en Facebook que “hoy tengo un mal día”, así que el único recurso que tienen para no vivir estresados es evitar llegar a ese estado y, una vez están en él, que papá o mamá les ayude a calmarse.

Si esto no sucede, como ya nos explicara Punset en el documental “El cerebro del bebé”, llegarán a la vida adulta con menos herramientas de autocontrol, siendo personas que vivan en general con más ansiedad y estrés que los demás, con el hándicap añadido de ser menos capaces de controlar ese estado.

Si me preguntan…

Uno de los consejos que doy siempre a las madres recientes es: “no hagas caso a nadie, ni siquiera me hagas caso a mí”, para que busquen, comparen, lean, escuchen, aprendan y decidan por ellas mismas.

Comento esto porque con respecto al sueño hay muchísimas teorías, unas a favor y otras en contra de dormir con el bebé cerca, unas que piensan en el bebé, otras que piensan en los padres y otras que tratan de buscar un (difícil) equilibrio.

Nils Bergman es uno de los pocos profesionales que al hablar piensa en los bebés y en su bienestar. Yo pienso como él. Los adultos somos más racionales que los bebés y somos más capaces de entender la soledad y la separación, ellos no la entienden y por eso se estresan.

Una de las reglas de todo “manitas” es “no lo fuerces, o se romperá”, regla que yo personalmente me suelo saltar (porque no soy manitas), cargándome cosas que con un poco de paciencia ahora seguirían enteras. Pues bien, separar a un niño de su madre y su padre es forzar a los niños a hacer algo para lo que no están preparados.

Si al final decidís que cada uno duerma en su cama y que cada uno tenga su sitio, es decir, que el bebé duerma en su cuna o incluso en su habitación cuando sea más mayor, sabed que en muchas ocasiones habréis forzado demasiado. Escuchadle, mirad si eso le podría estar afectando en el día a día, y valorad la posibilidad de cambiar de estrategia si es así.

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