COMETA ISON Y SU REPERCUSIÓN EN EL SER

Publicado 27 noviembre, 2013 por Ana Maria Peña

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COMETA ISON Y su repercusión en el SER El cielo es siempre el más bello espectáculo y el único que jamás cobrará entrada por contemplarlo. Únicamente se requiere estar vivo y mirar a lo alto durante un buen rato. En este sentido, este mes de noviembre será todo un regalo, y varios de estos cuatro cometas podrán ser visibles a simple vista o con la ayuda de unos simples binoculares, según en la parte de la Tierra en que se encuentren los observadores. En cualquier caso, será una visión inolvidable, porque rara vez el cielo se ha mostrado tan profuso y regalón, además de que uno de estos cometas, ISON, promete hacer las delicias incluso de los más escépticos, siempre que sobreviva a su perihelio en su máxima aproximación al sol, que tendrá lugar en nada más que unos días. Y lo será, si es que el observador no es supersticioso, porque los cometas han sido para la humanidad, a lo largo de los siglos, portadores de enormes tragedias, no faltando quienes los han vinculado a la llegada de pestes exterminadoras, ni quienes los han considerado precursores de tiempos extraordinariamente complicados, ni aun quienes los han tomado como los antecesores de cambios radicales de los sistemas sociales. Nada es casual, ni nada en la creación sucede porque sí. El azar es una ley que no sabemos formular, pero todo obedece a una causa, porque todo es un efecto en el lazo infinito de la existencia. Dios no juega a los dados. Frases y asertos que han venido sucediéndose desde tiempos inmemoriales, los cuales desatienden buena parte de los principios con que han tratado de engañarnos ancestralmente los poderes, obligándonos a contemplar bajo esta óptica desde la existencia misma de la vida a la sucesión de acontecimientos que convulsionan a las sociedades. Nada, nada absolutamente sucede porque sí, y todo efecto es consecuencia de una causa. En este caso concreto que nos ocupa, el de los cuatro cometas, queda por verse si son el efecto de nuestra causa —nuestra conducta—, o bien si son la causa que provocará ciertos efectos planetarios e individuales, como un cambio en la forma de entender la vida, de valorar lo importante, o quizás de fin de un ciclo para la humanidad y el incio de otro. Algo que sabremos en muy poco tiempo, muy poquito, porque por primera vez en muchos siglos, cuatro comentas muy significativos están influyendo en nuestro entorno cósmico y produciendo cambios notables en nuestro entorno. Con Venus están interactuando en estos días, y ya veremos qué pasa si no proscriben o manipulan las imágenes, tal y como suelen hacer cuando aprecian algo que no les interes hacer público. Y, por último, el Sol está reaccionando virulentamente a la presencia de estos cometas, lanzándoles emisiones de masa coronal que es posible que se multipliquen a medida que se aproximen, de modo que podamos tener algunas emisiones del tipo X que pudieran afectar a los equipamientos electro-electrónicos de nuestro planeta. Desde lo más antiguo, según algunos desde que los Vigilantes que se describen en el Libro de Enoc bajaron a la Tierra para tomar a las hijas de los hombres y enseñaran a los hombres las Ciencias y secretos de la creación, y según otros desde la remota cultura Sumeria, en la que los dioses creadores Iggigi entregaron a las criaturas que habían creado sus conocimientos, siempre se ha considerado la Ciencia como un todo. Fue a partir de que intervinieran los listos de siempre, allá por el Medievo, cuando la Ciencia comenzó a disgregarse en mil disciplinas, pasándose de aquel todo a esta nada en la que unas ciencias contradicen a las otras y ninguna sirve para nada, o de otro modo no tendríamos este sindiós de sociedad en la que todo parece ir a mucho peor, por más que la Ciencia proclame que se avanza. Debe ser hacia atrás, porque los únicos que se benefician de tanta miseria son los miserables que la reparten. Pues bien, ya fueran Vigilantes o iggigis nibirúes (pronto sabremos de Nibiru tanto como la mayoría no imagina), lo único que podemos constatar es que los conocimientos que nos legaron iban mucho más allá de las posibilidades técnicas que esta Ciencia actual les concede, pues que hay vestigios comprobables de que conocían matemáticas que no es posible que dominaran, sabían de la existencia de planetas que han sido descubiertos en los últimos cien años, e incluso estaban al tanto de la composición triple de estrellas como Sirio, cosa que acabamos de descubrir, o del tiempo exacto de rotación de la galaxia. Y todo esto, según la Ciencia oficial, a ojo desnudo o con cuerdas y un palo, lo que nos lleva a cuestionarnos: y, entonces, ¿para qué diablos queremos tantos cohetes y tantos telescopios si se puede hacer lo mismo a ojo desnudo o con una cuerda y un palo?… En esa Ciencia Primigenia en la que todo estaba relacionado, la vida formaba parte de una red universal, un poco a imagen como si cada parte fueran bits de un mismo programa informático. La materia era la condensación de una realidad incognoscible, y toda la materia, cada una según su cualidad y participación en ese todo, tenía diferentes grados de consciencia pero todo estaba vivo, desde una piedra al mismo universo. En este sentido, precisamente, se desarrollaron los credos que orientaron a las sociedades, y en este mismo sentido los más ambiciosos jugaban con la magia —no la de los conejos y las cartas, sino la de la alta magia que podía interferir en la realidad para variarla con simples invocaciones y símbolos—. Si consideramos los sucesos, pues, desde esta óptica en que todo está vinculado, desde lo inconmensurable del universo a la distribución de los elementos que conforman las partículas más elementales, todo lo creado es un fractal, una imagen reiterada de lo mismo a distintas escalas en base a una única ecuación, que es decir un mensaje igualmente único. Lo de arriba como lo de abajo, lo de abajo como lo de arriba, tal y como ya decía hace milenios el Kybalión, y con posterioridad el padrenuestro. Así en el Cielo como en la Tierra. El hombre es nada más que una condensación física de su espíritu, y su materia está influida por todo cuando le rodea, lo mismo que ya sabemos que le afectan los objetos, gracias a los estudios de resonancia morfogénica, la luz, el color, las personas, las cosas, los planetas y las estrellas. Para quien considera que, como dice la Ciencia Oficial, la influencia en una persona de un planeta no puede ser más significativa que la de su escritorio, pongo por caso, sería bueno ponerle este ejemplo: si el Sol tuviera el tamaño de un balón de fútbol, Plutón sería algo así como un grano de arena… a siete millones de kilómetros; pero Plutón no puede escapar de la influencia y atracción del Sol, como no pueden hacerlo los asteroides de la Nube de Oort, y aún estos mismos cometas de los que hablamos, como ISON, el cual alcanza en su punto más lejano casi a la constelación de Antares… sin que pueda escapar de la influencia solar. Y si el Sol hace eso, ¿cómo no va a afectarnos a nosotros, si además tenemos también un campo electromagnético altísimamente influenciable, a diferencia de una piedra estelar?… Pues naturalmente que nos afecta, igual que lo hace la Luna, Marte, Mercurio o todo cuerpo cósmico que nos rodea, especialmente si irruye en nuestro entorno cargado de energía y con un enorme potencial eléctrico. Después de todo, somos cuerpos eléctricos sumergidos en un universo eléctrico. En contra de lo que muchos creen y la Ciencia oficial niega, el universo es eléctrico, electromagnético. No es el Sol y sus llamaradas las que directamente causan los terremotos, erupciones volcánicas y fenómenos destructivos atmosféricos, sino las emisiones de sus partículas y el cómo estas afectan al núcleo eléctrico o electromagnético de la Tierra. Para quienes lo ignoran, bueno sería decirles que nuestro campo electromagnético se extiende mucho más allá de al menos 120.000 kilómetros, que es unas diez veces el diámetro de la Tierra, y francamente me parece poco. Cuando se detectan en nuestros equipos emisiones excesivas de partículas, el terremoto, la erupción o el fenómeno atmosférico catastrófico está asegurado, y no hay más que recurrir a los hechos, y no a las fórmulas, para comprobarlo. Otro tanto sucede con el cambio climático: depende del clima espacial, de nuestro Sol, de las partículas que bombardean nuestro campo electromagnético. Son ciclos terrestres afectados por el sistema en el que está ubicado, la estrella y los planetas a los que ha vinculado su destino. Y los hombres, como criaturas que habitamos este planeta, pues se puede suponer que tanto más, tal y como estamos comprobando por nuestra propia conducta suicida y por la misma conducta que están experimentando las especies animales que comparten nuestro espacio. El hecho de que masivamente una subespecie concreta decida suicidarse, tal y como ha sucedido y sucede cada día con mirlos de picos rojo, estrellas de mar, pulpos, esponjas, carpas y tal, y no suceda esto con las demás subespecies de esa misma especie o de otras que comparten hábitat, es debido a una alteración fatal en una franja particularmente estrecha del campo electromagnético. ISON es eléctrico, como lo son los demás cometas, como lo son los planetas y como lo es Sol, además de todas las criaturas, sean microscópicas o macroscópicas. Todo el universo es eléctrico, y una variación en el campo eléctrico afecta en la misma medida a todas las criaturas que influye. Por lo sucedido en Marte y con el propio ISON al acercarse al Sol, sabemos que nuestra estrella ha reaccionado violentamente, no solamente obligándole a ISON a multiplicar su brillo, sino también multiplicandolas propias emisiones de masa coronal y de partículas. Incluso no faltan hombres de ciencia que afirman que ISON ha transformado los componentes que conforman al cometa y han producido una alteración significativa de sus emisiones, algunos suponen que convirtiéndolas en altísimamente venenosas. Dicho de otro modo: ISON, al igual que todos los cometas, es un activador, una especie de botón de encendido cósmico de cambios que todavía ignoramos cuáles serán. La cuestión es que ISON alcanzará en unos días su perihelio, y que en otros cuántos días más nos vamos a encontrar en el camino, no porque vamos a chocar o algo de eso, sino porque vamos a ser mucho más amigos que lo fue este cometa de Marte cuando pasó a su lado, y ya hemos visto qué sucedió con nuestro planeta hermano. ¿De qué modo podrá afectarnos?… Bueno, queda claro que nuestro condicionante humano supone un campo electromagnético muy conocido, ya sea desde el punto de vista clínico —es detectable y mensurable la energía que emitimos por un cardiógrafo o un escáner, y sabemos por los estudios de la conducta cómo nos afectan al cerebro las alteraciones electromagnéticas—, y estamos al tanto de que por ser criaturas que habitamos un planeta que tiene una Resonancia Schumman de 7,83 herzios, vibramos precisamente a esa longitud de onda, lo que significaría que una variación de esta nos influiría de una manera determinante, aunque es difícil colegir en qué sentido, si podría destruirnos, si nos mejorará o si nada más que alterará ligeramente nuestra percepción y/o procesos mentales. Otro tanto podría decirse de cómo podría afectar una severa alteración del campo electromagnético terrestre a nuestros chacras, esa acumulación de electromagnetismo en siete puntos específicos de nuestra naturaleza, cuya alineación y estado regulan nuestra conducta, salud y estado mental, o cómo lo haría a nuestros cuerpos físicos, etéricos y espirituales. Tal vez supongan una especie de iluminación para unos, o quizás una densificación o la locura para otros, según cómo resuenen con cada quien, pero es algo que vamos a comprobar muy pronto. En cualquier caso, dudo mucho que el paso de estos cuatro cometas quede en nada más que un espectáculo cósmico sin trascendencia, entre otras cosas porque llegan en un momento de culminación de una transformación social que venimos experimentando desde hace algunos años, probablemente el mismo tiempo en que estos cuatro jinetes cósmicos decidieron reunirse precisamente en este instante crítico. ¿Casualidad?… Ya digo que no existe la casualidad, de modo que puede que estos cuerpos celestes sean algo parecido a un resorte de activación, y que lo que nos traen sea el cambio que ansiamos, un cambio de polaridad en nuestro sistema humano. Y algo de esto debe temerse el sistema vigente, cuando se resiste tan numantinamente como lo está haciendo, aunque no parece posible que cuando el universo decreta un cambio y pone en marcha su maquinaria, unos pocos hombres, por poderosos que sean, puedan detenerlo. No es frecuente, ni mucho menos, que cuatro cometas, alguno con la magnificencia de ISON, concierten una cita semejante, especialmente en un momento tan crítico para la sociedad humana. Los efectos que producen, como hemos comprobado hasta el momento en Marte y en el Sol, nos hacen considerar una influencia poderosa de activación así de sus actividades físicas como atmosféricas, de modo que es lícito preguntarse: ¿qué no harán con criaturas hipersensibles a las modificaciones de sus campos electromagnéticos?… Quisiera pensar que los cambios serán positivos y que supondrán un cambio hacia mejor del sistema, tal vez inaugurando una nueva etapa más próspera y humana, pero cabe la posibilidad de que anuncien mutaciones terribles, porque los partos siempre son dolorosos. En cualquier caso, en pocos días más, tendremos respuestas. Estamos viviendo la calma que precede a la tormenta. Fuente: Blog Planeta GEA ¡BENDICIONES!

 

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