ENTREVISTA AL DR. JORGE CALVAJAL

Publicado 12 noviembre, 2013 por Ana Maria Peña

A Jorge Carvajal no le gusta hacer ruido, le gusta la sutileza. Él en realidad es un poeta, y ya se sabe… cuando hay mucho ruido un poeta no puede escuchar la música de la Creación. Sin embargo, Jorge Carvajal no es sólo un poeta, es también un filósofo y un médico y un sabio… Es un alma grande que habita en un cuerpo pequeño. Alguien que abre caminos.

Es un médico muy especial en cuyo maletín hay bisturí y gasas pero también valores. Del mismo modo que a un paciente le receta caricias a otro le recomienda sinceridad y si es necesario hecha mano de los antibióticos porque Carvajal sabe, como han sabido los sabios desde siempre, que lo importante es unificar y eso es lo que él hace. En la medicina unifica las tradiciones de oriente y occidente. En el ser humano unifica el corazón y la mente. Y además, hace poesía…

Para él, vivir es aceptar todas las ocasiones como maestros, principalmente las dolorosas, porque el dolor solo es un problema cuando huimos de él y dejamos que se convierta en sufrimiento.

Los avances de este médico de renombre internacional están abriendo la puerta a una nueva medicina, llamada Sintergética, que no distingue entre medicina, conciencia y espiritualidad.

Los pacientes han delegado la responsabilidad de su propia vida en manos de los médicos. ¿Qué se puede hacer para que tomemos conciencia de qué estar sano y feliz depende sólo de nosotros?

Despertar. La enfermedad es el despertador, nuestra crisis es el despertador. Nosotros sabemos que podemos tener autogestión sobre nuestra salud. El sistema de salud no es el sistema de los médicos es el sistema de supervivencia de una cultura. Cada vez la gente es más crítica respecto del tipo de atención médica que recibe y cada vez la gente en todo el mundo se hace más responsable de su propia salud. La catástrofe de la medicina es que lo médicos son más tecnólogos que seres humanos.

La visión de la medicina que usted plantea no se enseña en las universidades, ¿De qué fuentes ha bebido usted?

Primero de los ojos de los pacientes y de sus lágrimas. De sus necesidades de sus abrazos, del cariño, de la Naturaleza. Cuando alguien me pide bibliografía yo recomiendo las corrientes de los ríos, los ojos de los niños, las hojas de los árboles, la selva, la meditación, la reflexión y, obviamente, las medicinas sagradas de la humanidad: el Ayurveda, la Acupuntura, los sistemas chamánicos del mundo… pero también la Ciencia. Creo que la clave de una nueva medicina es integrar la ciencia, la cultura y la conciencia en una sola corriente

Me da la sensación de que usted trata de construir un puente entre tradición y progreso.

Ese puente ya existe y no solo un puente sino infinitos puentes para que el que lo pueda ver lo vea y el que lo quiera cruzar lo cruce. No hay una cultura oriental y una cultura occidental separadas, son absoluta y estrictamente complementarias. Existe un territorio de síntesis. A ese lo hemos llamado la Sintergética, es un territorio que pretende encontrar la complementariedad de todos los sistemas médicos del mundo incluyendo el de la ciencia occidental. Para mí, el territorio de la ciencia no solo no es antagónico sino que es totalmente complementario con las propuestas de las medicinas tradicionales del mundo.

¿Cuáles son las terapias que usted emplea?

Yo soy un médico convencional: empleo la cirugía y los antibióticos cuando es necesario, pero también utilizo las hierbas cuando hay que emplearlas. El láser y los campos magnéticos cuando son necesarios y la sanación espiritual si es conveniente… Toda medicina es un asunto relacional, cómo te relacionas con el paciente, lo puedes hacer con una mirada, con un consejo, escuchando o puedes utilizar la reflexoterapia o el láser. Es un menú muy rico.

¿Cuál cree usted que son las enfermedades más comunes del alma? ¿Cómo se sana el alma?

El alma no se enferma. El alma es lo que hay en ti permanente y perfecto. Lo que ocurre es que el alma produce una fricción con su instrumento. Cuando nadas contra tu propia corriente hay un conflicto entre el alma y la personalidad. Este conflicto se presenta al nivel de las emociones y éstas se precipitan sobre el cuerpo de tal manera que la mayoría de enfermedades que observamos en la práctica clínica son enfermedades emocionales que han dejado sus huellas en el cuerpo físico. Y luego lo llamas úlcera o gastritis pero una enfermedad es simplemente un reflejo en el espejo del cuerpo y por mucho que limpiemos el espejo no vamos a mejorar la imagen de quien en él se mira. No se trata tanto de limpiar el espejo sino de mejorar la conciencia que se mira en el espejo del cuerpo.

¿Qué se debe hacer para encontrar esa conciencia?

No se encuentra, no se consigue. Tú eres esa conciencia. Quítate lo que sobra en ti y quedas idéntico a lo que tú eres: totalidad, armonía, salud, perfección… eso es tu naturaleza. No se trata de buscar, más bien de volvernos a reconocer por dentro, de aceptarnos como somos, con nuestras sombras y con nuestra luz porque ellas hacen el colorido de la vida. Cuando nos aceptamos somos de una pieza, sentimos, pensamos y actuamos de la misma manera. Somos íntegros y transparentes porque actuamos sin máscaras, acariciando el mundo con la piel desnuda.

Existe una crisis que no sólo se refleja en los sistemas de salud o en la economía sino que repercute también en nuestra visión del mundo, de la manera como nos miramos a nosotros mismos en el universo. ¿Cómo describe usted la nueva visión del mundo que está naciendo?

Es una visión total, más humana, más ecológica y de interdependencia donde el mundo no es solo externo, queda una gran parte del mundo implícito, invisible, no tangible, tal vez el más importante. Este es un mundo en el que todos somos responsables de todo y no es sólo un mundo de causas sino también un mundo lleno de sentido y de propósito. Nace una nueva realidad hecha de materia, emociones, mente y alma. Humanizamos la vida rescatando el alma.

El mayor problema de este planeta es que hemos utilizado la mente disociada del corazón. El sentimiento y la emoción sin mente son peligrosos y la mente sin corazón es un cadáver. Se debe pensar involucrando el corazón para darle un propósito.

¿Estamos preparados para ese cambio?

Absolutamente preparados porque no es sólo un cambio personal, es también un cambio en la dinámica humana, en la dinámica social, en las relaciones con nuestros hijos, en las relaciones con la ciencia. Es un cambio en el que empieza a emerger la conciencia como el mínimo común denominador de todas las actividades humanas. Es un cambio que incluye un poquito de magia en nuestra vida cotidiana. Es un cambio que de todas maneras está ocurriendo con nosotros pero que va a ocurrir a un a pesar de nosotros.

Ignoramos lo que somos, cuáles son nuestras necesidades y potencialidades y eso hace que nuestra salud se vea perjudicada ¿Pero qué somos?

El problema es que hemos confundido al ser. Decimos sanar y no sabemos a quien sanamos. Hablamos del ser y no sabemos quienes somos… pero está pregunta no tiene respuesta; nosotros somos aquí y ahora. Somos un proceso dinámico, cambiante que no se puede atrapar con palabras. Somos el sentir, el vivir, el amor, somos un verbo que se conjuga. No somos un estado sino un proceso en permanente cambio. Tu eres una corriente, un rió y como cualquier río nunca eres igual a ti mismo, te estás renovando continuamente. Somos una corriente que se autorecrea y autorenueva.

Usted nos invita a mirar la enfermedad como un maestro, ¿qué puede enseñarnos, por ejemplo, un tumor?

La enfermedad es un maestro no solo en el plano humano sino también en el plano social. Es una estrategia de supervivencia de la humanidad como tal. Un tumor que es una catástrofe en el plano personal puede resultar beneficioso en el plano social porque impide que el genoma se transfiera a la descendencia. De tal manera que el tumor lleva implícito un mensaje: que “eso” no se expanda hacia la descendencia. Cada tumor es una lección. Es distinto un tumor en el riñón, en el estómago o en el cerebro. Cada modalidad puede tener una connotación diferente. Una enfermedad nos está haciendo una pregunta esencial ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida? Pero también nos está dando una respuesta: Eres parte de la humanidad, eres vulnerable. El hecho de ser humanos nos hace participar del cuerpo y los riesgos a los que está sometida la humanidad. La enfermedad no es un solamente un asunto de conciencia o un asunto mental pero podemos aprovechar la enfermedad como una oportunidad para evolucionar.

La salud integral que tenga en cuenta los cuatro planos del ser, el físico, emocional, mental y espiritual comienza a abrirse paso pero todavía existen muchos intereses creados… hay mucha gente que vive de tratar la enfermedad y no de ayudar a prevenirla.

La visión de la salud no depende de los médicos, depende de la demanda que la gente haga de un tipo u otro de medicina. Las prácticas médicas alternativas se están imponiendo en occidente. Alrededor del 50% de la gente en occidente acude a prácticas médicas alternativas… somos hijos de la necesidad, que los médicos cambiemos o no, es independiente de que la medicina cambie porque la medicina va a cambiar de todas maneras.

Yo soy muy optimista porque se ha producido una gran apertura en el gremio médico por recuperar un poco la Naturaleza y la medicina natural, después vendrá la apertura hacia el enfoque energético y más adelante a un plano de conciencia integral… pero ya estamos dando los primero pasos.

¿Va a ser el siglo XXI el siglo de la búsqueda del sentido?

Este siglo va ser el siglo de la espiritualidad. No tengo la menor duda de que la ciencia del futuro va ser espiritual. La ciencia espiritual es una ciencia que penetra en el microcosmos profundo de cada ser humano para descubrir las leyes del macrocosmos. Y este siglo va revelar un punto de partida en la era de la conciencia de tal manera que la búsqueda del campo unificado nos va llevar de nuevo a la conciencia. Una conciencia que está ya latente en el átomo y la reacción entre los átomos para formar moléculas.

¿Podemos enmarcar este cambio a nivel de conciencia con el cambio de era astrológica que está produciendo?

El cambio de conciencia es una consecuencia de que la Tierra entra en la constelación de Acuario. No es un cuento chino, es una realidad astrológica. Si la Tierra entra en un nuevo campo de influencia su propio campo magnético está empezando a cambiar, el contexto de la conciencia en la Tierra tiene que cambiar también y se introduce una nueva cultura en la que la mente empieza a jugar un rol determinante en las relaciones humanas y en la transformación del mundo.

¿Cómo crees que estaremos dentro de 50 años?

Yo soy muy optimista, creo que la Tierra no se va destruir otra vez. Las fronteras políticas y económicas se van disolviendo, la educación y la información ya no tienen fronteras. El ciberespacio de Internet está transformando tan aceleradamente el planeta que vamos hacia una globalización que no va ser homogenizadora porque siguen teniendo mucha fuerza las diferencias que refuerzan la diversidad de la unidad. Vamos a tener una Tierra impredecible, ya no sabremos realmente predecir lo que va ocurrir de aquí a 5 años. Este mundo que vemos hoy, hace 15 o 20 años era inconcebible. Ningún profeta por aventurado que hubiera sido, ha llegado a predecir los grandes cambios: la Unión Europea, la caída de las fronteras y el muro de Berlín, la economía planetaria… Todas las cosas miserables y toda la sombra está al lado de todas las solidaridades. Es un mundo en alquimia, en ebullición. Hemos asistido a tal intensidad de cambios en la última década que pudiéramos decir que en 10 años hemos cambiado más que en millones de años de historia en la Tierra. La Tierra misma ha cambiado, ha cambiado su clima, su atmósfera. Realmente hay problemas, pero creo que esos problemas nos van a llevar a soluciones radicales, a una nueva humanidad.

¿Cuál es el detonante de esta transformación?

Yo lo que veo es la sed de una nueva cultura de hermandad, de una nueva edad de oro en la humanidad, seguramente como todos los procesos cósmicos, humanos y planetarios, se va demorar todavía decenios, pero realmente aunque lo que vaya ocurrir de aquí a 50 años pareciera imposible predecir, me parece que vamos a tener comunicación con el más allá. Vamos a reconocer que la gente que se muere no se muere realmente y que su conciencia continua, que vamos a poder cambiar nuestra visión de la muerte y no vamos a temer morir. Al no haber temor a la muerte, la vida no se va poder chantajear y no existirá tanta violencia. Vamos a acceder al desarrollo de nuestro propio potencial en un ámbito de fraternidad y de hermandad. El poder de los medios de comunicación y el poder de la opinión pública se va a convertir en el primer poder. La medicina va ser totalmente diferente porque al ser una medicina que involucra la mente como principal instrumento terapéutico y que va conducir a la autogestión. No vamos a depender tanto de los médicos, de los abogados, de los ingenieros, de los expertos, sino que vamos a desarrollar medios de autogestión y de tecnologías sencillas, baratas y no contaminantes. Vamos a poder ascender de las leyes de la materia a las leyes de la conciencia que son más incluyentes y más ecológicas. En fin, yo soy un optimista convencido de que hay un gran despertar de la humanidad a una nueva Tierra.

¿Qué capacidad crees que tiene la Tierra para asumir toda la presión que está soportando por nuestros excesos?

Estoy convencido de que la Tierra es un ser vivo pero no solo es un cuerpo físico. Se encarna como se encarnan los seres humanos, por lo tanto no desaparecería aunque su cuerpo físico desaparezca. La conciencia viva que habita la Tierra no desaparecerá aunque la Tierra saltara en átomos. Todo eso implica una concepción diferente de Gaia. Hemos concebido a Gaia hasta la dimensión de la biosfera pero no la hemos llevado a la dimensión de la conciencia que implica que el cuerpo físico de la Tierra es simplemente la manifestación de una gran conciencia que lo habita y que lo utiliza. La Tierra tiene muchas rondas, es decir, que muchas especies se han extinguido, habido grandes terremotos… Imaginas por ejemplo que los Himalayas estuvieron en el fondo del océano y que ahora son como crestas de olas ascendidas y que el Titicaca también fue un océano y estuvo en el límite entre el continente de Mu y el Atlántida. Te imaginas los continentes subiendo y bajando, sumergiéndose y volviendo a emerger, entonces ves que la historia de Gaia ha sido mucho más turbulenta de lo que nosotros pensábamos. Varias veces, literalmente se ha destruido, se ha desfondado sobre sí misma y ha vuelto a emerger. No me parece que la situación actual sea más grave que otras situaciones, con la ventaja de que en la situación actual no son unos cuantos iniciados sino que toda la humanidad es el discípulo, el mundo entero empieza a tener conciencia de que lo que hace a la Tierra se lo hace a si mismo.

Para que no haya un desastre tenemos que estar dispuestos a cambiar ciertos aspectos insostenibles de nuestro estilo de vida ¿Crees que seremos capaces de desapegarnos de nuestras comodidades?

No es fácil. Pero si no cambiamos, nos cambian los cambios. Hay algunos que no van cambiar antes de que el cambio sea una necesidad pero cuando en nuestro estilo de vida haya infarto, cuando esto ya sea insostenible: las mentiras, la economía, la dominación, la monopolización, la contaminación, entraremos en una hibernación. No hablo de una hibernación sólo desde el punto de vista físico, y que se desborden los océanos y que haya catástrofes a nivel continental, hablo de una hibernación en un plano emocional. La pérdida del sentido lleva a tal vacío existencial que llegará un momento en que el placer y el poder de los sentidos no nos van a poder llenar, y vamos a entrar en esta crisis de sentido. En medio de esa crisis de sentido, vamos a reconocer que vivir solo tiene sentido si vives con integridad y en armonía y no sólo con tu pequeño grupo sino con todos los grupos planetarios, incluyendo los reinos de la naturaleza que son partes de ti y sin los cuales no podrías vivir. El cambio es irreversible, no lo vamos a poder evitar, se va dar a pesar de nosotros. No somos tan importantes. Si tenemos que desaparecer, desaparecemos nosotros pero no va desaparecer la Tierra ni la conciencia de la Tierra, ni la naturaleza en su evolución. Posiblemente desaparecen cuerpos humanos pero no se muere la conciencia humana. Vamos a cambiar aunque eso implique que nos tengan que cambiar.

Eso suena muy serio ¿Dónde queda la alegría en todo esto?

La alegría es parte de la santidad. El sendero de la conciencia debe ser alegre. La responsabilidad debe fluir a través de la alegría. Cuando hay alegría, levedad y transparencia aparece la pasión y el sendero de perfección es un sendero de pasión.

Todo va muy deprisa últimamente ¿De qué manera nos podemos tomar un respiro al agobio del tiempo?

La única escapatoria del tiempo es convertirse en tiempo. Si eres tiempo, entonces tienes todo el tiempo del mundo. Te conviertes en él y el tiempo se vuelve profundo. Si andas corriendo detrás de un tiempo exterior, tu vida es de segunda categoría y te desgastas. Estamos hechos de tiempo y eso es literalmente cierto. Lo que hay en tu cuerpo son simplemente proyecciones del tiempo, la memoria y todos los tiempos inscritos en la materia de tu cuerpo. El problema no es que la vida se acelere, el problema es que nosotros no estamos en la vida, nos quedamos en la orilla. Si los eventos van muy rápido pero tú vas con los eventos, simplemente estás quieto. Puedes tener una inmensa quietud a pesar del enorme movimiento si te conviertes en ese movimiento. Si estamos en nuestro centro es posible convertirse en ese tiempo intenso y profundo donde realmente la vida tiene un sentido. Estamos tan acosados por el tiempo porque pretendemos tener más de lo que podemos alcanzar. Confundimos el ser con el tener. Nos hemos embarcado en un mundo absurdo de consumismo en el que nos convertimos en mercancías. Por todas esas cuestiones, el tiempo se vuelve un tema supremamente delicado cuando no debería serlo porque es nuestra sustancia. Alguien nos dice que el tiempo es como un maestro, el problema es que él mata a casi todos su discípulos. Cundo aprendemos algo sobre el tiempo, ya nos vamos a morir. Estamos hechos de tiempo. El tiempo es el movimiento de la conciencia. Matar el tiempo es matar la vida.

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