TU MODO DE VER REFLEJA TU MODO DE SER

Publicado 14 noviembre, 2012 por Ana Maria Peña

POR VÍCTOR M. AMELA
Tengo 40 años y soy francesa, pero vivo en Copenhague. Soy asistenta social y sanadora. Tengo un hijo y estoy casada con sir Martin Brofman. ¿Política? Conecto con el espíritu socialista danés. ¿Dios? Es lo que hay de común en el fondo esencial de todos los seres humanos. Tu cuerpo es un espejo de tu conciencia, de tu vida

 

Escucho a Annick con mi oído poético, no con el científico. Ruego a los oftalmólogos y oculistas que lean esto que hagan igual y no se enfaden: yo seguiré usando lentes, pues lo de curar mi “modo de ser” me parece que va para largo…
“Tu visión es metáfora de tu estado de conciencia: tu modo de ver expresa tu modo de ser…” Suena bien, ¿no? Ella aplica en su Taller de la Vista (con sede en Dinamarca, pero itinerante) las tesis de Martin Brofman, expuestas en “Todo se puede curar” (Sirio) y “Mejore su visión” (Kier). Da pereza intentarlo, pero igual un día…
Por ahora, si no veo, no creo. Hablando con Annick, advierto que pensamos con la vista, pues decimos: “Ya veo…”, “está claro”, “no mires atrás”, “yo lo veo así”, “me mira mal”…
Lector, y tú…, ¿cómo lo ves?

 


 

No lo veo claro, perdone.
–¿El qué?

–¿Toda visión deficiente deriva de algún estrés profundo?
–Sí: cada modo de ver está reflejando un modo de ser.

–Pues yo soy muy miope: ¿qué le pasa a mi modo de ser?
–En la raíz del miope hay alguna inseguridad, un miedo. ¿Desde cuándo es miope?

–Que yo sepa, desde los ocho años o así…
–¿Qué sucedió?

–¿A mí? Nada. Yo qué sé…
–Algo sucedió, y hubo una emoción que quedó reprimida. Y ese estrés emocional derivó en un reflejo fisiológico, muscular.

–No veo que tiene que ver eso con…
–“No veo”, dice. ¿Lo ve? Mire su lenguaje: “No veo”. No ve qué tiene que ver…

–Es sólo una manera de hablar.
–Todo se refleja en todo. Tu conciencia serefleja en tu cuerpo, y también en tu vista.

–¿Mediante qué mecanismo?
–En torno al globo ocular hay seis músculos:cuatro de ellos tiran del globo hacia atrás
y otros dos lo rodean como un cinturón.

–¿Y?
–A causa de una inseguridad, un miedo,ese cinturón constriñe el globo ocular, lo
achata: y tenemos un miope…, o sea, alguien que ve bien lo muy cercano, pero borroso lo
lejano. ¡Se aleja del exterior, de ese mundo externo que le inquieta, asusta, incomoda…!

–¿Es ése mi caso?
–La miopía habla de una inseguridad reprimida. ¡Eso está ahí!

–¿Y de qué habla la presbicia?
–De cólera reprimida, que provoca que los cuatro músculos del fondo estiren del globo: y el ojo, entonces, verá bien lo lejano…, ¡pero se negará a ver bien lo más cercano!

–Perdone, pero eso es cosa de la edad…
–Ya, pero ser viejo es una manera de ser fomentada socioculturalmente, y conlleva su
manera de ver. ¡Y uno acaba por identificarse con su manera de ver!

–¿Sí? ¿Yo me identifico con mi miopía?
–“Yo soy miope”, dice usted, ¿verdad?

– Sí… ¿Y cómo explica los estigmáticos?

–Era mi caso: confusión en los valores, lo que produce tensiones musculares diversas, que deforman irregularmente el globo ocular: y, entonces, vemos las cosas deformadas.
–¿Por qué dice que ése era su caso?
–Porque yo seguía valores distintos a los que sentía: cuando armonicé mis actitudes con mis valores reales, mi visión se corrigió.
–Yo la corrijo con estas gafas, y ya está.
–Ya, pero las lentes perpetúan tu manera de ver. Si quieres de veras sanar tu vista, debes primero comprender tu manera de ser. Somos conciencia y cuerpo…, y todo empieza en la conciencia: ¡también la visión!
–Perdone, pero la visión empieza en el ojo y termina en el cerebro, que yo sepa…
–Somos energía circulante, y los bloqueos en ese proceso generan tensiones musculares,
síntomas físicos… ¡La mala visión es uno más! La persona se impide ver algo bien.

–Si sigue con este discurso, caerá sobre usted todo el peso de la ciencia oftalmológica.
–Más de un oftalmólogo danés ha venido a nuestro taller, asombrado por las mejoras de algunos pacientes tras estar con nosotros.

–A ver: ¿cómo corregiría usted mi miopía?
–Primero le ayudaría a convencerse de que usted no es su miopía. Ver claro exige
una transformación de tu manera de ser…

–Sí, sí. ¿Y qué más?
–Mediante diversas técnicas desbloquearíamos tensiones en su conciencia, lo que derivaría en mayor relajación corporal, muscular, lo que conllevaría mejoras en su visión.

–¿Qué técnicas son ésas?
–Ejercicios de afirmación positiva, ejercicios de visualización creativa, ejercicios de
Hatha Yoga con los ojos…

–¿Afirmación positiva?
–Sin gafas, mírese a los ojos en un espejo y dígase en voz alta: “Os amo y os amaré siempre”.
¡Y siéntalo, siéntalo de verdad!

–Os amo, os amo, os amo…
–Siéntese, luego, y cierre los ojos. Y esté quince minutos sin hacer nada, en la mayor
relajación mental posible: meditación…

–¿Y ya está?
–Hay más ejercicios, con la conciencia y con los ojos: durante dos meses hará una tabla
diaria de ejercicios, tres veces por día. Al acabar, ¡su visión será mucho mejor!

–¿En qué medida veré mejor?
–Variable en cada persona. Si no es del cien por cien, contraste su visión con la graduación
de sus lentes… ¡y seguro que tendrá que hacerse otras de menor graduación!

–Hacer todo eso me da cierta pereza…
–Usted decide. Sólo usted puede batirse consigo mismo, con su conciencia, con su estrés,
sus tensiones, con su visión del mundo.

–¿Cómo llegó usted a esta creencia?
–No es nueva: el doctor William Bates escribió sobre ello en los años veinte, y también Aldous Huxley, que se curó de una ceguera juvenil… En mi caso, llegué por lo que le pasó a mi marido, sir Martin Brofman.

–¿Qué le pasó?
–Tuvo una enfermedad grave y, ante ese hecho, modificó sus valores: trabajó con su conciencia… ¡hasta que supo que estaba ya sano! Y un beneficio colateral de ese nuevo estado de salud fue que dejó de necesitar las lentes que había usado durante 20 años..
.
–Maravilloso. ¿Y qué hizo entonces?
–Sobre su experiencia y las de otros, sistematizó un método de mejora de la vista.

–Hoy hacen operaciones muy rápidas…
–Sin transformación de conciencia, el síntoma puede volver a aflorar más adelante…

–¡Ahora recuerdo qué me pasó a los 8 años!

–¿Qué?

–Me circuncidaron

VÍCTOR M. AMELA
Editado en La Vanguardia

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