EL CLUB DE BUDAPEST

Publicado 4 octubre, 2011 por Ana Maria Peña


      En estos dias he leido El cambio Cuántico de ERVIN LASZLO, LO RECOMIENDO, en las ultimas paginas se analiza que es EL CIRCULO DE BUDAPEST.

En él se repasan las últimas investigaciones en física, biología, teoría de la evolución, conciencia y se habla de las correlaciones entre elementos que existen a diferentes niveles: correlaciones a nivel cuántico, a nivel molecular, orgánico, etc. Por ejemplo al nivel cuántico cada partícula que haya ocupado alguna vez el mismo nivel cuántico de otra partícula permanece relacionada con ella, de una manera no-energética (enmarañamiento cuántico). El autor explica estas correlaciones por la existencia de un campo no-energético al cual llama el campo-A y lo relaciona con el campo Akasico de las tradiciones orientales: un campo que conserva y transmite la información del Universo.

        Ervin Laszlo nacio en Budapest en 1932. Desde muy pequeño fue un virtuoso del piano, fue admitido en la Academia de Musica Franz Liszt a los 7 años. A los 9, debuto con la Filarmónica de Budapest. Más tarde estudio física y filosofía en Colombia y Yale. Es fundador y Presidente del Club de Budapest, fundador y Director del General Evolution Research Group, administrador de la Universidad Interdisciplinaria de París, socio de la World Academy of Arts and Sciences, miembro de la International Academy of Philosophy of Science, senador de la International Medicin Academy y editor del periódico internacional World Futures: The Journal of General Evolution Considerado el mayor exponente de los sistemas filosóficos, teoría de sistemas y de la teoría de la evolución general, sus investigaciones más recientes se centran en el desarrollo de una ciencia integral que incluya lo cuántico, el cosmos, la vida y la conciencia.

Además de sus estudios teóricos, Laszlo es notable por su trabajo en los campos de la gestión y de las ciencias del futuro. Tiene un doctorado por la Sorbona y ha recibido cuatro Doctorados Honoris Causa (en los Estados Unidos, Canadá, Finlandia y Hungría), el muy prestigioso Premio Goi de la Paz en Japón y otras distinciones. Ervin Laszlo fue nominado para el Premio Nobel de la Paz en el 2004.

El “Club de Budapest” (http://www.clubofbudapest.org/), fundado en 1993 por Ervin Laszlo, es una asociación global de prestigiosos “líderes de opinión”, todos ellos personalidades en el campo de las artes, la ciencia, la cultura y la espiritualidad. Esta dedicado al progreso y evolución responsable de los valores éticos en la sociedad y en todos los aspectos de la vida personal, empresarial y comunitaria. El desarrollo y práctica individual de esta “ética planetaria” es uno de los caminos para conseguir un planeta sostenible y sin violencia.

Me ha llamado especialmente la atención el último proyecto del Club, el World Wisdom Council (Consejo de la Sabiduría Mundial).

Empieza su declaración inicial así: “La tarea del World Wisdom Council es fomentar la fuerza y creatividad inherente a todas las personas:

  1. atrayendo la atención de los sectores más profundos del público tanto hacia los peligros como hacia las oportunidades inherentes a la condición humana en su dimensión global;
  2. identificando áreas prioritarias en las que la acción individual y cooperativa sea necesaria para reforzar el progreso hacia la paz y la sostenibilidad tanto local como globalmente;
  3. ofreciendo una guía para el desarrollo de la sabiduría individual y colectiva que refuerce esas acciones capaces de provocar el cambio constructivo en el medioambiente ecológico, social y económico, tanto local como global.”

Parece que al bueno de Ervin algunas personas lo consideran miembro de la “New Age” y él apunta al respecto:

“En los últimos meses, muchas personas me han lanzado la pregunta: ¿es su trabajo y la filosofía del Club de Budapest «esotérica»? Esta cuestión se ha planteado en relación a los muchos trabajos que versan sobre los actuales desarrollos revolucionarios de las ciencias y también en referencia a la rápida evolución de los nuevos valores y comportamientos en la sociedad. Es el momento de aclarar este tema. Soy un filósofo y un teórico de la ciencia cuyo trabajo se ha centrado en la teoría de los sistemas y en estudios sobre el futuro. Los 74 libros y, aproximadamente, 400 trabajos y artículos que se han publicado con mi firma documentan esta afirmación. ¿Qué tiene que ver mi trabajo con los asuntos esotéricos?

En primer lugar, examinemos lo que realmente se entiende por «esotérico». En sus raíces lingüísticas, este término se refiere al conocimiento que está «oculto».

Tradicionalmente, se ha asociado con los conocimientos que están reservados para unos «pocos» elegidos, por ejemplo, los miembros de un grupo o sociedad que poseen saberes o intereses especiales. Debido a que no está disponible para la sociedad en general, se ha considerado con frecuencia un saber secreto. Habitualmente, el objetivo principal del conocimiento esotérico ha estado relacionado con asuntos del alma y del espíritu. Ofrecía ideas y doctrinas que iban más allá del saber compartido de una determinada cultura o sociedad.

Para los «introducidos» estas ideas y doctrinas reflejan la realidad (supuestamente, una esfera superior de la realidad). Para los «externos» —es decir, para todos los demás—, dichas ideas pueden parecer místicas, ilusorias e incluso amenazadoras.

El fundamento del conocimiento esotérico puede ser completa o parcialmente verdadero o falso; este es un asunto para un estudio histórico y metafísico y a mí no me atañe. Yo no soy, ni he sido nunca, un investigador del mundo esotérico ni de las escuelas esotéricas. ¿Por qué, entonces, yo, y otros científicos y pensadores como yo, somos sospechosos de ser esotéricos?

En mi caso, y en el caso de todos los investigadores dedicados al campo de la ciencia revolucionaria, la respuesta está clara. Estoy interesado, y durante los últimos cincuenta años he estado profunda y constantemente interesado, en aspectos de la realidad que la ciencia no acaba de comprender del todo, y es un interés que comparto con grandes científicos desde Einstein a Jung. Lo que ocurre es que muchos de estos aspectos que todavía la ciencia no comprende de forma adecuada, son también del interés de personas que no poseen ningún conocimiento ni interés científico.

Algunas de estas personas profesan una u otra de las confesiones religiosas del mundo; otras buscan respuestas en las tradiciones espirituales; incluso hay algunas que lo hacen a través de la experiencia mística. Para bien o para mal, todas las personas seriamente preocupadas en asuntos que la ciencia no domina, o no comprende por completo, son frecuentemente etiquetadas como «esotéricas».

Aunque no me sorprende que la gente sospeche que mi trabajo, y el trabajo de otros investigadores como yo, sea esotérico, quiero dejar bien claro que esta sospecha no tiene ningún fundamento. Mientras como filósofo tengo un gran respeto a la tradición esotérica del pasado (el mismo Platón la suscribió, reservando sus distinguidos pensamientos al círculo de élite de sus discípulos), mantengo que la restricción del conocimiento no está justificada en nuestra era. Aquellos que son verdaderamente esotéricos no son miembros responsables de la sociedad actual. Existe una enorme diferencia entre ellos y los científicos y filósofos que tienen como objetivo ampliar los horizontes del conocimiento contemporáneo.

El conocimiento que nosotros buscamos no está más allá de la ciencia, sino dentro de la ciencia. Pero cuando digo «dentro» de la ciencia, no me refiero a las doctrinas establecidas por las principales corrientes científicas; me refiero al campo dentro del cual los científicos pueden investigar de forma provechosa con vistas a lograr un conocimiento debidamente verificado, cotejado y experimentado.

Esta ambición la han compartido siempre los grandes iluminados de la ciencia, desde Galileo, Kepler y Newton, hasta Einstein, Heisenberg y Bohr. El campo que me ocupa en la actualidad y que me ha fascinado durante casi cinco décadas es el filo de la ciencia; esa área, con frecuencia revolucionaria, que a veces se nombra como «la frontera de la ciencia». Centrando mi interés en la integración y síntesis del conocimiento científico (nunca pude creer que sólo porque los especialistas encontraran conveniente dividir la ciencia en compartimentos según las diversas disciplinas, la naturaleza misma estuviera dividida en los correspondientes compartimentos), trabajé primero en la teoría de los sistemas, después en la teoría de la evolución y ahora en la teoría de la coherencia/no-localidad. Poseo un sólido bagaje en todos estos campos. Comencé a interesarme en la teoría de los sistemas a principios de la década de los 60, cuando todavía se consideraba más allá de los límites de la ciencia. Hoy en día (quizás en parte debido a mi trabajo en esta área y a mi colaboración y amistad con el fundador de la Teoría del Sistema General, Ludwing von Bertalanffy), se considera una corriente científica establecida.

En los años 60, mi interés se centraba en la teoría de la evolución de los sistemas. En aquel momento, cualquier teoría que fuera más allá del paradigma darwiniano era considerada como altamente especulativa y esencialmente alejada de la ciencia. Hoy en día, debido en gran mediada al químico físico Ilya Prigogine, laureado con el premio Nobel (con el que tengo la buena suerte de estar asociado), se reconoce como ciencia, y tiene aplicaciones no sólo en biología sino también en cosmología, psicología y en algunas escuelas de ciencias sociales…. …

Es justo decir que, aunque el Club de Budapest comparta la creencia, con la mayoría de las doctrinas religiosas y algunas místicas y New Age, de que la evolución de la conciencia humana es un factor clave en la decisión de nuestro futuro, su filosofía es de lo más opuesta al secretismo y a las doctrinas de mente y alma, doctrinas que pueden ser ciertas o quizás falsas, pero son clara y verdaderamente «esotéricas».

El Club de Budapest es una organización abierta y de conciencia global que se dedica a ayudar a que la gente cree un futuro mejor para ellos mismos, para su prójimo y para sus hijos. Y, al igual que mi trabajo en el campo de la ciencia revolucionaria, está motivado por la gran pasión de observar a la naturaleza y a la sociedad y preguntar «¿qué?» y «¿por qué?» y, en relación a los problemas a los que en este momento nos enfrentamos en este planeta también, «¿qué podemos hacer al respecto?».”

Ervin Laszlo mantiene un profundo respeto a las grandes tradiciones espirituales a la vez que tiende un puente de ellas hacia lo mejor de la ciencia moderna.

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